Sep 2 2010

Hidalguía (4)

Por Alvargonzález; septiembre de 1996


En el grito hidalguino resuena sobresaliente (ya te contaré qué dijo el Padre de la Patria), la palabra maldita: ¡Gachupines! Alguna vez para ‘Historia 16′ -revista española-, escribí algo sobre el origen de tan incierto término que aparece incluso en el Quijote y que hasta donde he averiguado hasta fue sinónimo de fatuidad; de arrogancia y vanagloria. Fíjate, todos los peninsulares llegaban pregonando estirpes, parentescos palaciegos y lo que ahora llamaríamos ‘enchufes’ políticos. Llegaban sin conocer la tierra que gobernarían y aplicando criterios que tendrían poca probabilidad de funcionar. Pero la Corona Española -ya amenazada por Napoleón-, seguía en su terquedad. ¿No has visto los cuadros de Goya, valiente testimonio de un pintor que les puso a los monarcas sus auténticos rostros de estúpidos? Rodeados de asesores -Validos, les llamaban-, que poco interés tenían por nada más que la lujuria y el lujo personal. No sé porqué al decirte eso se me vienen a la sesera dos palabras que son tan bien o malsonantes como quieras: ‘chilangos’ y Montoya, y todo a propósito de cortes palaciegas sobresaturadas. ¿Mucha política y poca administración? ¿Todo lo bueno está sólo en el centro del poder? ¿Asesores franceses? te digo; la Nación es gerundio trunco de naciendo, pero ¿porqué no aprendemos del pasado e intentamos el re-nacimiento, bien?

El proyecto hidalguino tenía una consumación sencilla en términos numéricos: acabando con los mucho menos que 50,000 gachupines existentes en estas tierras, seríamos felices. ¡A darle! Y los criollos encabezaron el movimiento de independencia. La intención de quitarnos el pesado yugo impuesto de lejos, maravillosa; la fórmula, caótica “¡A ver qué sale!”. ¿Qué salió? Mírate al espejo y dime si ves un rostro feliz y lleno de esperanzas patrióticas. Tú y yo somos el resultado de procesos que nos han precedido.

Hidalgo -entre sus méritos literarios está haber traducido el Tartufo de Moliere-, con ideas francesas fabricando un primer plan nacional. ¿Cuándo vamos a empezar con ideas nacionales? Su grandeza es innegable; su ideal no retractado nunca de tener un México libre, y su enormidad al enfrentar la muerte en la remota Chihuahua después de escribir una revisión de su gesta: me faltó dice textualmente “contrabalancear la teoría con los obstáculos y por esta imprudencia desde los primeros pasos me vi precisado a los excesos… quisiera que a todos los americanos se les hiciera saber esta declaración…”.

Fíjate, Hidalgo nos llamaba americanos. ¿Somos eso? Pué que sí…

¿Dónde vas a pasar el grito? ¿Alguna vez has estado en el Zócalo y escuchando el ‘original’ que se acompasa también con el tañer de la original campana? ¡Vaya fervor, indudable! ¿Patrio o patriotero? Aquí tendríamos que recurrir a especialistas para que nos ayudaran a encontrar diferencias -si las hay-, entre tan consonantes términos, porque de lo que quisiera nos ocupáramos es precisamente del llamado ‘Grito de Dolores’ en su versión ¡original!

Primero vamos con la campana y su lenguaje ancestral ya olvidado. La que está instalada en el frente del Palacio Nacional debe haber sido una de tantas de la torre parroquial de Dolores o del templo de Nuestra Señora de los Dolores; una con su voz peculiar -tal cual, voz-, y dentro del lenguaje de bronce que durante siglos hablaron las campanas en la suavepatria.

Creo que viviendo en el centro hoy decadente de esta ciudad me tocó percibir la última etapa de ese que fuera un complejo idioma campanil, pues bien se entendía cuál templo y porqué motivo convocaba a su feligresía: que si era misa o rosario, misa solemne o de difuntos. Así, durante siglos no hubo otra forma de convocar a la congregación popular sino con el repique específico de campanas, y por ello la de Dolores es el primer elemento del llamado grito, y ni porqué dudar que el agudo tiple de la que está ahora en Palacio haya sido la que de madrugada avisó al pueblo que algo ocurría; que el Cura los llamaba a reunión. En el ceremonial cívico posterior a Don Porfirio -transportista de la campana-, ella resuena al final y como cierre de acto cívico, pero en lógica histórica su función fue inicial, convocante, insisto, a la reunión de alarma. Eso es, las campanas también decían “¡al arma, al arma!” y todos las tomaban.

Ahora desde el balcón presidencial y con su propio ritual, el término ‘Grito’ resulta la compactación de algo muy distinto: de una proclama. Un discurso lanzado a todo pulmón y con las dificultades de la oratoria de aquellos tiempos en que el micrófono no existía. ¡Imagínate el esfuerzo pulmonar que significaba arengar y proclamar una serie de ideas ante un atrio más o menos repleto! Nada raro que los de la telenovela hayan recurrido a la imagen de antorchas encendidas -se supone que aún no había amanecido-, en torno a un párroco que tal vez estaba validando la idea de Pascal de que nada detiene a una idea cuando a ella le ha llegado su tiempo.

Dados los antecedentes y los preparativos, dada también la vena literaria del Padre Hidalgo, no tengo duda que los papeles que he visto conteniendo la proclama hayan sido originales y que ese hecho que marcaría el rumbo de la suavepatria no fue una ceremonia tan breve como su réplica contemporánea. Aquello tomó su buen rato, pues se trataba de una justificación pública e inicial de parte de alguien lleno de paradojas y contradicciones (como todo ser humano) razonando el ‘casus belli’ o la justeza de la guerra. Incendiando, eso sí, con sus ideas a quienes esa madrugada le rodearon con antorchas, para oírlo en el atrio parroquial. La imprenta -maravillosa herramienta de transmisión-, hizo posible que la proclama se repitiera al paso de las huestes de Hidalgo, y que exista como documento literario.

Continuará…


Venta de los ‘Cincuenta Recuentos’ de Alvargonzález con Macartur en la librería ‘El Desván de Don Quijote’ (antes ‘La Berinta’), López Cotilla 813 y con Mario o Fabián en el puesto de periódicos ubicado en Américas y Morelos. Abierto todos los días de 8 A.M. a 9 P.M.


Ago 30 2010

Alvargonzález a través de su lente

Los miembros de la asociación civil en vías de conformación en pro del rescate, preservación y difusión de la obra de Alvargonzález, la Secretaría de Cultura de Jalisco a través del Director de Literatura Mtro. Jorge Alfonso Souza Jauffred, amigos y familiares del comunicador Álvaro González de Mendoza; tenemos el honor de invitarte a la Mesa de Homenaje In Memóriam y a la Exposición ‘Alvargonzález a través de su lente’. Una faceta poco conocida del Ventilador González como fotógrafo.

Miércoles 1 de septiembre del 2010 a las 20:00 horas en la Capilla Elías Nandino y el Patio del Ex Convento del Carmen, Av. Juárez 638 en el Centro de Guadalajara. No faltes; habrá botana y con qué brindar por la memoria de nuestro apreciable amigo y maestro. Esperamos verte allí.

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Te invitamos también a escuchar al Vallero Solitario que en estos días vuela con su sola lengua en busca de tu oreja tratando temas muy actuales como lo son: Miguel Hidalgo y la Independencia. Escúchalo aquí Radiogonzález ‘Allá Tú’ si lo dejas hablando al aire.

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Próximo sábado 4 de septiembre: reunión de los ‘Obviólogos del Valle de Atemajac’ (antes ‘Mártires del Hertzio’) de diez a doce de la mañana, y todos los miércoles a las 8:00 P.M.. Librería ‘La Berinta’ (El Desván de Don Quijote), López Cotilla 813, entre Camarena y Rayón.


Ago 26 2010

Hidalguía (3)

Por Alvargonzález; septiembre de 1996

Lo mismo da Juan que Sebastián. Mira: lotrodía intencionalmente cambié el nombre de Sebastián Vizcaíno -quien además de protojalisciense fundador de ese tronco grueso y familiar de los sureños Vizcaíno, fuera el primer embajador de todas estas tierras continentales y americanas en Japón- y lo cambié a ver si me corregías la plana. Pero no, nada, lo cual es sumamente alentador pues aumenta mi certeza de que aún no existe esa conciencia de corrección que se da entre tú que usas el medio, y los que de una forma o de otra lo fabricamos. Eso, insisto, nos permite decir ¡cada cosa!

Como el fervor septembrino y patriótico se aproxima a su culminación, te decía la ocasión anterior que hay que ponerse a tono con él. Y con eso de que ‘patrioterismo’ no es sinónimo de patriotismo, me pareció oportuno asomarnos a los antecedentes del memorable 810 cuando empezamos a tratar de ser independientes. Por ello, y en razón de los apellidos que pueblan estas tierras quise ensayar contigo las reflexiones de Hidalguía; en torno incluso a ese apellido tan sonoro e Hidalgo, derivado de los fijos-de-alguien o alcurnes hijos provenientes de familias blasonadas o con historial triunfante. Así, la tal hidalguía española se convirtió en el apellido de quien redundantemente es señalado como Padre de la Patria. ¿Habías caído en la cuenta de que Patria es justamente derivativo de Padre? Tal vez por la sexación de oficios, la determinación de la territorialidad -cosa macha y no pocas veces exenta de violencia-, correspondía a los hombres; a los padres. Esa disimilación entre patri-monio y matri-monio, sigue siendo una velada sexación de funciones, diferenciante entre un guerrero y la casera; al padre correspondería el establecimiento de bienes patrimoniales y a la mujer, ¡madre!, la creación del matri-monio. Y eso viene a cuento por la reduplicación del padre-patrio Hidalgo y la patria que paternizó.

Una mala noticia histórica es que en septiembre del 810 no se alcanzó la pretendida independencia. ¡Qué va! Pero con eso de que la tal historia no son fechas, convencionalmente se le quiere atribuir a Hidalgo la conclusión de un proceso que entonces comenzó ¿simbólicamente? en Dolores y en el atrio parroquial. Pero más allá de las fechas, la necesidad de asomarnos a un México emergente y por algo: el olvido condena a la repetición, y con eso de que Nación -literalmente-, es una especie de gerundio trunco de ‘naciendo’ pareciera necesario ensayar de alguna otra forma el re-nacimiento colectivo o nacional.

La Revolución Francesa fracasó en Francia y los enunciados de Igualdad, Legalidad y Fraternidad, Napoleón se encargó de traducirlos a su favor. La figura del zurdo Emperador no es ajena a nuestro 16 de septiembre, y en la próxima ocasión te diré lo que significó para Hidalgo en el momento de arranque de la tempestad. Por hoy valga repetirte una frase que estaba en bocas parisinas durante el siglo XVIII, o de las luces (muy francesas): “si dios (sic) quiere decir algo a los hombres, sólo tiene que depositar la idea en una mente francesa”. Algo así como afirmar que el idioma de Dios era precisamente el Francés, y nada extraño reconocer que la ‘Revolución de Independencia’, como le llamaron en su tiempo los panfletistas, estuvo llena de palabras escritas originalmente en francés, y para esto hay que entender el enorme estirafloja entre España, Inglaterra y Francia por la hegemonía mundial y desde el siglo XVI, y que mucho tenía que ver con la hegemonía del pensamiento. Como dice el marquetín contemporáneo: quien te mete una idea en la cabeza ha conquistado un enorme territorio, y los enciclopedistas lo lograron con su razonable tesis de que todo puede ser explicado mediante la luz de la razón. ¿Todo?

Vistas a casi 200 años, las razones de Hidalgo para lanzar su proclama -grito-, eran en parte válidas, pero quizá no tanto para justificar un procedimiento que quizá siga vigente en nuestro independentismo tan a la mexicana y con vicios y virtudes de manufactura española: ‘pos a ver qué sale’. Hidalgo lo reconocería, encaminó un movimiento hacia algo notablemente bueno por una ruta impredecible.

Si algún día visitas Londres, busca el mínimo Palacio de Saint James; y si por España pasas, busca el Escorial. A mí me parecen símbolos arquitectónicos de dos formas reales -de realeza- en procedimientos. La Inglaterra desde la magnífica publicista política que fue Isabel I -quesque Reina virgen-, empezó a expandirse y España a desinflarse y antes esos procesos tomaban siglos. El Imperio Español se iba convirtiendo en una maraña burocrática y cortesana, mientras los ingleses iban cautelosamente administrando sus avances. Te digo, los palacios son símbolos de la relación entre habilidad para resolver problemas o para crearlos. Poco palacio, mucha administración parece ser el grito de Saint James, y el del Escorial es justamente lo opuesto: mucha pompa (con lo que ello signifique), y poco talento. Este es muy poco espacio para que conversemos sobre imperios crecientes o decrecientes, pero los territorios americanos de la Corona Española padecían de pésimo sentido administrativo. Y peor te la cuento: con una cerrazón absurda se pretendía seguirlos gobernando con pura inteligencia peninsular. De allá impuestas todas las autoridades, en demérito de los criollos, o hijos de emigrantes nacidos en estas tierras.

Continuara…


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Ago 19 2010

Hidalguía (2)

Por Alvargonzález; septiembre de 1996

La costumbre prevaleció andando el calendario y en la Edad Media española, de las casas solariegas surgieron los apellidos que nutren hoyendía multitudinariamente los directorios de teléfonos. El godo Don Gonzalo originó la casa de los González. Un tal Don Juan -sin ninguna resonancia tenoria-, originó a los Juanes que devinieron en Juárez por simplificación fonética. ¿Y qué me dices del nada raro nombre de Pedro? Los Pérez, y todo porque durante buenos y largos siglos igual a los Pedros les llamaban Peros (algún día te contaré la historia de la hotelería mexicana, primera en el continente, y de su primer concesionario, un grandulón al que le decían Perote). Y Sancho fue nombre usual, y de Don Sancho los Sánchez. Cualquiera que sean tus apellidos, te aseguro te sorprendería conocer la historia de la formación de ellos, que tiene similitudes en más de un idioma. Por ejemplo; la terminación ‘ez’ en castellano, es el equivalente del ’son’ inglés o del ’sen’ nórdico, y así Richardson resulta ser el hijo de Ricardo, o Petersen el de Pedro. En escocés se antepone el ‘Mac’; MacArthur es el hijo de Arturo y MacGregor el hijo de Gregorio.

Pero hay otras fórmulas en la manufactura gentilicia, o en la forma de denominar a las gentes. Así los oficios como el manejo de la fragua y el temple del hierro, originaron Herreros, Herreras y aún Herrerías. El lugar de asentamiento de la casa solariega se convirtió en denominación de sus habitantes: los del Río, del Bosque y Montes, toponimias gentilicias. Incluso características del lugar también sirvieron ¿eres acaso Flores o Rosas? En el momento del trasvase continental, cuando llegaron a estas tierras en persecución de la felicidad ancestros desconocidos de más de uno de nosotros, el lugar de procedencia se convirtió en apellido. Te iba a decir un mal ejemplo: que los Vizcaíno (¿te suena?) fueron personificados por Juan el Vizcaíno procedente de Vizcaya. Juan -el fundador de toda una herencia genética que puebla el sur del Estado- de hecho provenía de Galicia, a donde seguramente habían emigrado desde la tal Vizcaya sus ancestros.

Te aseguro que no me he apartado del tema de la hidalguía mexicana, y que es tan extenso que por primera vez en las tantas ocasiones en que te he buscado desde este cajón editorial, me va a ocupar hacerlo en cinco partes escalonadas. El asunto me parece tan medular como septembrino: el rescate de una hidalguía extraviada en nuestra carrera histórica colectiva.

En contraste con esa presunta e hipotética ‘hidalguía’, un dato que a mí me parece conmocionante. Cuando llegan los indocumentados europeos a estas tierras -te advierto que estamos en un continente de indocumentados, pues hasta ahora todos los datos apuntan a que el humano no es aboriginario de estas tierras sino emigrado hace 35,000 años a lo más-; sí, cuando llegan traen algo que todo viajero lleva en sí: sus recuerdos; su añoranza de la tierruca de nacencia y procedencia. Es algo profundamente humano y si no lo crees asómate a las fiestas patronales de Tepatitown o Jalostotitawn, y pregunta a los emigrados si no extrañan su raigambre, y si no se identifican allá en California como “procedentes de…”. Así, Castellanos de Castilla, Vizcaínos de Vizcaya, de Toro (los del Toro), en Salamanca, los de la Torre (¿de cuál de todas las torres?), pregonaban gentiliciamente su procedencia. Pero lo que me conmueve es un hecho históricamente estrujante y personal que aparece justo en el acta de fundación de Guadalajara, al pie, donde las firmas. Entre todas ellas, no muchas, -y cuánta felicidad hubiera tenido algún especulador de bienes raíces cuando el Valle de Atemajac aparecía virginal y retante, de que su firma hubiera estado allí-; entre las firmas una; la de ¡Juan del Camino! ¿Quién fue él? Ni tú ni yo sabremos, pero sí podemos deducir que él no quería acordarse de su punto de partida; podemos imaginar que se inventó apellido, en un acto de lesa humanidad nada extraño, propio de quienes emigran tratando de dejar atrás su anterioridad; su pretérito, sus recuerdos y aun sus olvidos.

Y ese, el tal Juan del Camino -sin progenie ni procedencia-, me sirve (espero que a ti también) como medio de contraste con la hidalguía. ¿Hidalgo tuvo hidalguía? En más de un sentido, sí, y de eso nos ocuparemos en los próximos encuentros -si quieres-, aquí.

La formación del apellido Hidalgo es justamente una contrapartida a lo que pudo haber sido Juan del Camino, hijo de nadie que valiera la pena mencionar; hijo en todo caso del Camino ese que machadianamente se hace ¡andando! y pa’lante, olvidando las fatigas del camino andado. Los hidalgos tienen su culminación en el Quijote, cima de la caballería. Apellidos, blasones de señoríos conquistantes. Los fijos -hijos-, de Alguien (con mayúsculas) devinieron en hidalgos. Hidalgo el que engendró una mexicanidad que aún no sabe si independencia o dependencia-in son lo mismo; una mexicanidad que anda buscando en su orfandad una madre patria que la adopte para pagar las deudas que le ha ocasionado el mal manejo de su herencia y luego que se creyó madura y tanto que pegó el grito. ¿Seremos hidalgos los mexicanos o vamos a seguir siendo del camino al grito de “a ver qué sale”? Creo que es buen tiempo, septiembre, para revisar en tono maduro lo que inició Hidalgo. Luego seguimos en este tono…

Continuara…


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Ago 12 2010

Hidalguía (1)

“¿Cómo quieres saber dónde estás, si no sabes cómo llegaste? Pregunta de navegantes con la que inicio esta aventura que espero llegue a buen puerto y luego de bogar por una mar nada fácil. ¿Terso el navegar por el muy encrespado océano de La Historia? Nada. Espero no naufragar en el intento, y nadie sino tú podrá decir si no me hundo y ahogo en el intento. Tú dirás, y eso ya que leas mi ensayo; eso si es que tengo la fortuna de que lo hagas.

Esto pretende ser un yo ensayo decirte cómo llegamos a donde llegamos; o por qué vamos como vamos luego de ir como hemos ido hasta llegar a los años iniciales del siglo 21. ¿Es que La Historia no es con-secuencial? ¿Es arrítmica o secuencial? Buena pregunta cuya respuesta se complica al tratar de definir a esa roñosa dama llamada Doña Historia.

Áspera sí que lo es y tanto como pueda ser el contraste entre salud -tersura o suavidad funcional- y enfermedad, que significa rispidez doliente.

Punza, cala, duele la tal Historia. ¿Quién puede encontrar en ella pura y mera placeridad humana? Nadie, porque en ella anida todo lo contrario: dolor. Ella destila dolencia, reflejo de las pasiones más conflictivas del llamado ser humano. Me dirás que en ella se refleja y acoge la excelsitud de los héroes, sí, pero invariablemente su figura esplende sobre un fondo (iba a decir ‘negro’) en tono rojizo-sangre”…


Lo anterior es sólo el principio de un introito que Alvargonzález hizo para un ensayo que desgraciadamente, aunque muy avanzado, dejó trunco.

Estando en Londres -seis años- se dedicó a hacer investigación historiográfica sobre México en la biblioteca del museo británico, a donde fue a dar vendida por kilos -según sus propias palabras- nuestra historia escrita en panfletos. Álvaro González se refería a su ensayo como “El por qué de nuestra falluca Independencia” (falluca con doble l, ya que viene de falla), y lo bautizó como “La Guerra que Perdimos Mañana”. Pretendemos editar dicho ensayo en un futuro cercano, pero por lo pronto, para ¿conmemorar? el controvertido bicentenario, hoy damos inicio a una serie de textos escritos por el Ventilador González en 1996.


Por Alvargonzález; septiembre de 1996

Mira que soy de muy lento aprendizaje, y tanto que tuvieron que pasar poco más de diez años para que percibiera porqué Alberto Valenzuela, jesuita suyo y maestro mío, denominó una materia que nos daba con el extrañísimo genérico de ‘Tonos’. Las tales clases allá por el 64 y descubrir lo que eran lo hice por el 75 y ya con el vicio asumido de echar a volar la lengua desde antenas. ¿No te había contado que padezco ese vicio de ventilar la lengua con la ayuda del hertzio? ¿Incurable? Tal vez.

Los tales ‘Tonos’ resultaron ser justamente eso: ajustar el lenguaje a las circunstancias. Fácil ¿no te parece? Ahora que pululan las licenciaturas y los licenciados en comunicación, y que los medios electrónicos han reubicado a los impresos, tal vez parecería un anacronismo citar a Valenzuela y el fundamento capital de aquellos ‘Tonos’ convertidos en materia desafiante de mi capacidad mental juvenil. Insistía en que el mejor tratado de lo que ahora se llama ‘Ciencias de la Comunicación’ -y que entonces se denominaba simplemente ‘oratoria’, o el arte de hilvanar oraciones para decirle algo a alguien, como lo intento precisamente contigo hoy-; el mejor era (y sigue siendo) ¡la Retórica de Aristóteles! Por favor vamos guardando tú y yo el secreto a fin de que ya no surjan más comunicólogos comunicantes sin-nada-qué-decir y expuestos a la trituradora del desempleo.

Aquella enigmática materia puede resumirse en su fundamento aristotélico, como el adecuado manejo del ‘ethos’, del ‘logos’ y del ‘pathos’ propios y ajenos, al intentar decir algo. ¡Así de fácil y dicho con las originales palabras de Aristóteles! Mas como estas líneas no pretenden ser un curso de comunicología, sino algo muy distinto y ajustado al tono presente y septembrino, vamos a ello: a la hidalguía mexicana.

Cuento largo y sustancioso la formación de apellidos. ¿Cuáles los tuyos? Si tuvieras la paciencia de averiguar los de tus bisabuelos -recomendación que nos hacía el maestro Valenzuela-, notarás la trama inextricable y misteriosa que constituye nuestro ser actual: tú tu ser y yo el mío. En algunos casos esa averiguación se hace detectivesca y laberíntica, por aquello de que no hay familia sin misterios manejados más o menos velada o desveladamente y nada novedoso en ello. Fíjate, el mismo sentido estricto de ‘familia’ tuvo un origen igualmente misterioso así como romano y amplio: el patricio, el señor, amparaba bajo su nombre a todos los que habitaban sus dominios, incluso a sus fámulos o sirvientes. Así ‘familiar’ originalmente significaba dependiente o servidor.

Continuará…


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Ago 7 2010

Arriba… la patria

Por Alvargonzález; 10 de junio del 2002

Mirándola bien, no es fea. Sin siquiera prestarle mayor atención, podemos convenir en algo: es enorme pero bien proporcionada. ¿Quién tiene tiempo para detenerse y observarla? Pasan a toda velocidad los autos y los peatones no pueden distraerse mirando hacia las alturas pues el riesgo es como el monumento: mayúsculo.

Imposible espacialmente que ponga sobre este compacto mostrador periodístico mi acerbo. El caso es que tengo unas fotos de cuando labraban pie a tierra el rostro cantero de la patria y te sorprendería ver sus dimensiones: casi el doble del tamaño de un adulto. ¡Enorme! Y no podría haber sido de otra forma dada la altura del monumento. Tengo otra añeja foto en donde se ve el sitio desde el aire y con la obra en curso: había más baldíos que casas alrededor de la glorieta, al inicio o remate de una avenida que cambiaría de nombre y de ser Lafayette pasaría a ser Chapultepec.

Como si pudiera abusar de tu tiempo, te cuento también que tuve la oportunidad de conocer al Arq. Mendiola. Sí, al autor del proyecto monumental y patriota en honor de los Niños Héroes. Lástima que él ya se haya marchado a la región del silencio porque me encantaría preguntarle si fue casual que pusiera a la bella dama -pétrea representación de loantesdicho- mirando hacia donde mira: de cara al norte, hacia allá y sin parpadear… ¿La ubicas? También quisiera decirle que tal vez por la frustra de ese horizonte eterno, entre retante e inalcanzado, la dama ya trae quebrantos de cabeza. ¿Lo percibes? Un trozo de parietal se le ha desprendido y espero no le haya caído a un auto; si fue a un peatón, no importa, pues el esquema perseguido a ultranza (¡arriba el norte!) dice que las ciudades son para los vehículos, no para los ciudadanos.

Viendo pasar el tiempo, y sufriendo el paso del tiempo, allí está. Mírala, mírala…


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Jul 31 2010

Anota en tu agenda

La exposición de homenaje a Álvaro González de Mendoza se inaugurará el miércoles 1 de septiembre de 2010 a las 8:30 P.M. en el ex-convento del Carmen.

No dejes de acompañarnos, habrá con que brindar por la memoria de nuestro apreciable Vallero Solitario.


Próximo sábado 7 de agosto: reunión de los ‘Mártires del Hertzio’ de diez a doce de la mañana, y todos los miércoles a las 8:00 P.M. Librería ‘La Berinta’ (El Desván de Don Quijote), López Cotilla 813, entre Camarena y Rayón, con amplios problemas de estacionamiento.


Jul 28 2010

Placeridad (2)

Por Alvargonzález; 28 de agosto del 2002

Decir “la plaza complace”, te parecerá entre obviedad y juego de palabras fácil. Pero la consonancia en el caso particular, va más allá de la coincidencia fonética y de ello nos ocupamos la vez anterior cuando traté de contarte cómo una función de la Plaza de Armas y de toda plaza pública era esa: facilitar el placentero encuentro colectivo o la placeridad de la población.

Allá cuando Guadalajara cumplió 450 años de estar donde está, escribí un libro en el que narro la transición hacia la excentricidad; o la forma en la que la ciudad dejó de gravitar en torno a su centro y se crearon polos de atracción social -placerantes-, y bajo un patronaje urbano novedoso procedente de…

Fue en Kansas City en 1924 que se construyó la Plaza Country Club. ¿Nos copiaron el nombre? No creo, pero fue el prototipo de la novedosa proliferación placera o de centros comerciales que sustituirían a la plaza pública con su función convocante y comunitaria. Si haces cuentas y adviertes los años que pasaron entre la edificación del modelo primario y la hechura de la primera de su tipo en Guadalajara, percibirás con exactitud que el proceso imitativo que nos caracteriza toma compases muy largos. Copiones y tardaditos…

En el país generador del neourbanismo tomaron de su madrepatria un término que es sinónimo de las Plazas: el Mall, que no es otra cosa que el gran corredor que en Londres va del Arco del Almirantazgo al Palacio de Buckingham. ¿Mall? Si bien el término acabó significando eso, vinculación entre áreas comerciales afines, la expresión es derivativa de un deporte que hace siglos se practicaba en el lugar y llamado Pallet Mallot. Te digo, las palabras en ocasiones tienen un significado original que el uso va perfilando o que la costumbre remodula. Así también habría que ajustar al tiempo el desfasado refranario: ‘dime cuál es tu plaza y te diré quién eres’ o ‘dónde moleas -de mall-, y te diré con quién te juntas’.

Proliferación de plazas con su novedoso sentido convocante y consumista. Grandes y espectaculares. Pero la mayor de todas, con su carabela en tamaño natural, con playa artificial, pista de patinaje, feria de juegos mecánicos, delfinario y kilómetros de pasillos entre tiendas, es la West Edmonton, en Canadá.

La carabela anclada frente a una filosofía bogante: si eres feliz ¡compra!, y si estás triste ¡compra! Apúrate pues la placeridad de la plaza te espera. ¿Cuál es la tuya?


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Jul 27 2010

Exposición aplazada

Para dar más formalidad a la exposición de fotografías  y reconocimientos de Álvaro González de Mendoza, decidimos aplazar la fecha. Sentimos mucho si esto te ocasiona alguna molestia pero somos nuevos en estos  asuntos y la verdad, parece, pero no es fácil.

Miércoles 1 de septiembre de 2010, en la sala Elías Nandino del ex-convento del Carmen.

Próximas reuniones de los ‘Mártires del Hertzio’: Todos los miércoles a  las ocho de la noche y el próximo sábado 7 de agosto de diez a doce de la mañana en ‘El desván de Don Quijote’ (antes ‘Laberinta’), López Cotilla 813, entre Camarena y Rayón.


Jul 22 2010

Placeridad (1)

Por Alvargonzález; 26 de agosto del 2002

Plaza de Armas, así, y por favor no caigas en el engaño de los de la Mesa Central que a la plaza principal de toda población le llaman Zócalo con su ignorancia mayúscula. Plaza de Armas y porque a la usanza de los que fundaron pueblas y ciudades en estas tierras, en ese lugar central y convergente de la urbe esplendían las armas o blasones de la ciudad y de los monarcas, junto a la sede de gobierno. Simbolismo y no invitación a fajarse el pistolón para acudir al lugar.

Más en el terreno del simbolismo: en el lenguaje bélico ‘tomar la plaza’ significaba doblegar la bandera de los defensores; rendición de los poderes asentados generalmente en torno a la plaza central.

Y allí la tienes: la Plaza de Armas tomada por el júbilo popular. Festiva y espléndida, con su kiosco placerante. Por favor no me digas que se requiere ser un diestro filólogo para advertir que entre la consonancia de ‘placer’ y ‘plaza’ existe una clara vinculación de raíces. Entonces podemos alcanzar una conclusión primaria y urbanística: la función de las plazas era justamente la de propiciar la placeridad colectiva, el gozo, la placentera convivencia. ¿Te place la Plaza de Armas? Digo, si es que la conoces, porque en una Guadalajara cada vez más monstrificada te aseguro que hay quien vive aquí y nunca ha puesto pie allí. ¿Será?

No siempre fue como ahora es. En 1790 el gobernador Francisco de Aiza inauguró la fuente central que vertía el agua de manantiales aledaños a la urbe y a donde acudirían los aguadores para llevarla a las casas, pues eso de las tuberías y llaves para despilfarrarla es algo reciente en el casi medio milenio que tiene la ciudad.

Allí en el ochentaitantos del siglo 19 mi abuelo Juan González vio encenderse la luz eléctrica por vez primera en la ciudad. Allí el Gobernador Ahumada inauguró en 1909 esa obra realizada en el más puro tono porfiriano de ¡Vive la France!, y escandalizante: ocho cariátides sosteniendo la techumbre y sin sostén… Paradoja estética realizada sobre pedido en los tiempos finales del porfiriato.

“FONDERIES D’ART DU VAL D’OSNE 58 3a. VOLTAIRE PARIS” se lee al pie de algunas columnas; marca indeleble de la empresa fundidora y parisina. ¿De quién fue el diseño? Si lo averiguas me dices, porque no he logrado averiguarlo.

La próxima semana te contaré algo sobre el desplazamiento-de-la-placeridad-placera. Tal cual. Aquí te buscaré y espero acudas a la cita.


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