may 11 2012

Siento bien el ciento

Por Alvargonzález; 24 de marzo del 2003

Ya, me dirás, que no es para tanto; quizá incluso me recomendarás que mire bien las páginas y advierta que hay quienes cotidianamente aplican sus pinceladas y aún brochazos geniales en la hechura del periódico completo. Y ¿yo? Sólo un par de veces por semana, por aquí o por allá, aplicando mi pincelín verbal-gráfico en la hechura polícroma del diario. Entonces, dentro de esa perspectiva y si te hubiera consultado, quizá me habrías recomendado que me guardara para mí lo que ninguna gracia tiene: llegar hoy a aparecer por centésima ocasión por estas comunitarias páginas.

Tienes razón: un ciento de fotos mejor o peor logradas y sus acompañantes textos, no alcanzan estatura de proeza. ¡Qué va! Pero en el hecho hay dos aspectos meritorios reconocibles: que sin el apoyo del diario, yo me hubiera quedado con mis fotos y con la frustra gana de contarte lo que veo. En segunda instancia, el mérito inspiratriz es el de una ciudad que mientras la ando me grita al oído “¡anda di esto…!” o “mira y cuenta…” ¿Lo he logrado? Eso me gustaría que me dijeras. ¿Sí o no?

¿Logrado qué? Creo que aprovechando mi sensibilidad por lo del ciento puedo intentar recontarte, a pie de foto, mi periódica intención. Como tú no tienes tiempo de andar bobeando, trato de hacerlo por ti y de re-tratar asuntos de profunda intrascendencia. ¿Comentarista yo? Nada más lejos de mis pretensiones, sino simple mezcla de relator y obviólogo. Así contarte cosas que por obvias pasan desapercibidas; transmitirte noticias (¿sólo lo nuevo es noticia?) que la ciudad encierra y que alguien tiene que vocear. ¿Voceador yo? Más de lo que te imaginas…

De pronto aparece y me sorprende LO OBVIO ululante y mayúsculo e intento compartir contigo mi sorpresa. Mira, por ejemplo, las letras inscritas sobre los arcos ‘coloniales’ que mandó poner allí el gober J. J. G. G. luego que ordenara demoler la muy histórica Garita de San Pedro: “Guadalajara la de los de Jalisco”. ¡Sopas! Pos‘berlo dicho, porque qué tal si el viandante confundido pensaba que aquí era la original Guadalajara de los alcarreños, o la de Buga (así) en el Valle del Cauca colombiano… El anuncio cantero es una obvia oda a la enorme capacidad de extravío o perdimiento -¿‘ontoy?- que tenemos. ¿Le encuentras otra explicación? Dímela por favor.

Contemplador sorprendido, eso soy y eso he querido compartir contigo en cien ocasiones lineales. Y como dice mi amigo el tamalero Michel: cien tamales no son gran cosa… ¡para el que no sabe lo que es menear la masa ni untar las hojas! Pero como él también dice: a mí me gusta hacerlo y cien son pocos. ¿Seguimos? Allá tú…

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Así también, nosotros hemos llegado a las cien publicaciones de textos de Alvargonzález en su blog. La verdad, ha sido un placer releer y republicar estos cien escritos de nuestro añorado maestro y con eso vale la pena, pero nos gustaría mucho saber tu opinión. La casi nula respuesta tanto aquí como en nuestra cuenta bancaria nos desanima. ¿Seguimos? Allá tú…

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Alvargonzález “El Vallero Solitario” A.C. Historia y Lenguaje.

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abr 30 2012

Corona y coronilla

Por Alvargonzález; 13 de enero del 2003

¿Ya viste la remodelada callejuela de Coronilla? Esquina con Morelos, por más señas y bien vale que te asomes porque bien quedó el maquillaje urbano. ¿Coronilla? El nombre viene de cuando allí, cerca de donde se llamaba Santa Ana Acatlán, los franceses fueron tundidos por los defensores de la ‘suavepatria’. Pero, ironías, Corona el habitante de la casa que ves y que allí está en esa esquina, no tuvo nada que ver con la batalla de La Coronilla.

No creo equivocarme si te digo que de esa casa salió Ramón Corona para dirigir al ejército que detuvo en La Mojonera -donde hoy está la Escuela Militar de Aviación- al feroz Tigre de Alica que venía aquel enero, fíjate, de 1873 con sus 15,000 hombres a tomar Guadalajara; a arrasar con la ciudad. Sí, allí vivió Ramón el nacido en Tuxcueca, quien convertido en militar liberal y devenido General, cuando el sitio de Querétaro recibió en sus manos una espada: la que le entregó Maximiliano en señal de rendición. Hombre de armas e hijo de ese siglo precursor del 20 cuando el país empezó a ingresar en la paradoja: entre más armas usadas para aniquilar paisanos, más se desarma… ¡cualquier proyecto de nación!

Teorías revolucionarias aparte, Ramón fue hijo de su tiempo. Vaya obviedad. Pero tema al tiempo es lo de cancillerías y relaciones diplomáticas, y encaja con la biografía del General porque -hombre, insisto, de fusil y espada-, sus méritos fueron premiados con una embajada. Representante de México, durante 12 años, en España y Portugal. ¿Académico? Revisando su vida alcanzo a advertir que él, también paradójicamente, adquirió una maestría vital: en sentido común. Muy rara, aun ‘hoyendía’ e incluso entre ¡académicos!

Don Porfirio lo hizo gobernador de Jalisco en 1887 y fue el primero que visitó todos -los siete- cantones del Estado; en la dilatada gira le acompañaron el Procurador de Justicia, un magistrado y funcionarios, para que se enteraran de las circunstancias reales del territorio. La abolición de las alcabalas, decretada por él, le acarreó problemas con el Centro que sorteó con suficiencia política y gracias a sus gestiones Guadalajara vio llegar el ferrocarril en 1888. Lamentablemente el ‘progreso’ destruyó esa edificación meritoria y bella con la que dotó a la ciudad que pudo haber tenido otro uso en vez de ser demolido: el Mercado Corona original. Ni modo, así somos.

Su muerte, luego de ser apuñalado por Primitivo Ron, despertó la suspicacia popular: antes de supuestamente suicidarse ¿el asesino actuó por propia cuerda? O ¿sería que la popularidad de Ramón Corona empezaba a inquietar al Dictador? Ya sabes: los ‘soles’ no toleran nubecillas que les opaquen. Primitivo se llevó con él el secreto de por qué mató a quien en esa casa vivió.


abr 8 2012

¡Ole!

Por Alvargonzález; 9 de abril del 2003

Se llamaba, si no me equivoco, Jorge Fernández Valdemoro. Tenía una característica muy particular: era notablemente tartamudo. Pero su enredarse con la lengua y las palabras concluía en el momento mismo en que con un micrófono delante empezaba a narrar una corrida de toros. ¿Nunca oíste su rúbrica aquella de que “el toreo no es graciosa huída sino apasionada entrega”? Su nombre de faenar como cronista fue el de Pepe Alameda.

De pronto, andando, di de frente con el aprendiz de torero y me conmovió la escena que te muestro. ¿Será su abuelo quien remeda al toro? ¿Algún día llegará el chaval a ser diestro de gran cartel?  ¿Graciosa entrega a una profesión en ciernes? Y fue un asunto colateral el que me empitonó de profundis: si en esta ‘suaveáspera’ patria un 30% -¿será exagerada la cifra?-, tuviera una vocación clara y definida fruto de la infancia, derivada en una profesión adulta ejercida apasionadamente, las cosas no andarían tan como andan. ¿Concuerdas? ¡Ole!

Viendo al maletilla-aprendiz  pensé en primera instancia que sería un buen motivo para discutir la presunta obscenidad de las corridas de toros; buena razón para tomar bando, o bien por los animalistas lacrimosos defensores del astado, o bien partir plaza por escrito apoyando al dramático ballet de ‘vidimuerte’. Pensé incluso en preguntarte si te gustan las antisépticas corridas… de automóviles, esas en que la mejor e irrepetible resulta ser  aquella donde el fitipaldazo acaba con el pilotazo. ¿No es cierto que en los asistentes a las corridas de fórmula existe la siniestra esperanza de presenciar un guajolotazo a altísima velocidad? En ese sentido me parece que el morbo expectante de tragedia mete tanta gente a la plaza,  como a la pista con olor a llanta y gasolina. Corridas, de toros o de autos ¿cuáles prefieres?

Defensores o detractores taurinos aparte, vuelvo a lo otro: a la vocación del ser humano, entendida como la posibilidad de realizar creativamente ‘ca’quien’ su corrida vital y desde la infancia. ¿No es acaso la vida una corrida, pues a la carrera vivimos lidiando el calendario?  A veces me da la impresión de que México padece problemas serios de orientación; y no, no es que la geografía ande desorientada, sino que un gran número de sus H. Ciudadanos andamos embistiendo a lo bruto, vocacionalmente hablando. ¿Te acuerdas de aquello de Machado y su “de diez cabezas, nueve embisten y una piensa”? Muy taurina su estadística y ¿real? Dímelo tú.

Ya me dirás que me meto en asuntos que no me importan, pero vuelvo con lo de Pepe Alameda y te pregunto: ¿tu carrera -no hablo de títulos apergaminados-, es graciosa huída o apasionada entrega? Tú, sólo tú, lo sabes y qué bueno. ¿Yo? Luego te busco aquí…

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abr 1 2012

De errores, cartelas y dudas…

Por Alvargonzález; 5 de marzo del 2003

Últimamente mis ‘dostres’ lectores me han hecho correcciones ‘quasi’ provocantes de parálisis escritoria; o sea que me ponen tieso antes de acometer los renglones con los que trato de contarte algo. Que fallé -culpa de las fuentes consultadas-, en los nombres de los hermanos Vidrio los que le pusieron su apellido a la calle, me señaló  el Lic. Joaquín Vidrio. Por su parte el abogado Rentería amablemente me mensajeó  desde Colima para decirme que al abordar asuntos tan peliagudos como el Derecho de Amparo me documente mejor y no ande malinterpretando el ‘Espíritu Otero’. En lo que creo sí salimos de acuerdo es en que a Don Mariano nada le amparó contra la felleza de estatua que le hicieron, y en que errando, errando, apartándome voy de los anhelados premios de periodismo a los que aspiro. ¿Es que nadie me pustulará (tal cual) para mi anhelado ‘Chinchayote de Oro’? Dicho lo anterior paso a confundirme contigo un poco más.

A ver si ahora no provoco la suave ira de los arquitectos al hablar, sin ser del sapiente gremio, de la Cartela de Jesús María. ¿Qué es eso? Lo que aparece en la foto: ornato arquitectónico cuya procedencia es antiquísima -se utilizaba para enmarcar inscripciones de toda índole-, y que tenía además aplicaciones funcionales que omito detallar por razones de espacio y porque entre menos diga menos me equivoco. Pero si se alcanza a ver (el tamaño de la foto está sujeto a determinaciones metafísicas, hormonales y aun esotéricas) podrás apreciar la belleza del ornato cantero. Voluptuosidad que enmarca una inscripción disimulada, y por ello los ‘arquicríticos’ tendrán que aceptar que es una verdadera cartela: el incógnito herrero forjó en el centro lo que ahora llamaríamos tú y yo el ‘logotipo’ de la Orden Dominica, significando con ello que el colonial templo y convento adjunto pertenecía a la rama femenina de tal Orden religiosa. Hermosa la llamada Cartela del Templo de Jesús María ¿no te parece?

O sea que en el término ‘cartela’ está implícito el significado original: mensaje, notificación breve, concisa,  y por aquello de que es diminutivo de ‘carta’. Pero y ¿Cartél? (mira que le he puesto un acento artificial). Significaba desde ‘anuncio muy visible’ hasta ‘nota para citar a duelo al contrario’ (noble institución, el duelo, que debía ser restaurada con permiso de la CNDH). Pero lo que yo, filólogo amateur, sigo sin entender es cuándo y por qué razón se cambió culteranamente el acento y surgieron los ‘cárteles’ ya sabes de qué. ¿Será porque se sustentan a base de ‘ménsajes’, ‘ánuncios’, ‘logótipos’, y ‘démas’? Lo que sea, prefiero no averiguarlo y seguir admirando la Cartela de Jesús María. ‘Cáquien’ sus carteles, sus cartelas, sus cárteles, sus errores y sus dudas. ¿No?

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mar 25 2012

¡Amparos!

Por Alvargonzález; 24 de enero del 2003

Tú sabes esa ley de proporción inversa que rige solamente a esa determinada profesión: entre más malosos más buenazos resultan. Habiéndote dicho eso debo decirte ahora que se me ocurrió plantear a dos buenos abogados -¿entiendes?-, una duda jurídica. Lo que no preví es que el lenguaje que tiene esa tribu profesional resulta sumamente claro… únicamente para esa tribu profesional. Cuando de la boca de uno de ellos brotó el término ‘litis’ sentí que me hundía ‘claudiamente’ en las arenas movedizas del derecho, materia que -salvo tu opinión en contra-, me parece tan sólida como la gelatina. Lo de ‘claudiamente’ viene al caso porque quise decir que claudiqué en mi intento por entender el espíritu del insigne Otero. A ver si tú ‘mentiendes’.

Me da la impresión de que en la ‘suaveáspera’ patria los peores cuentan con todas las artimañas, y los no tan peores (creo que tú y yo nos podemos incluir) solamente estamos equipados con la buena voluntad. Un ejemplo: yo no tengo camisa de cuello blanco ni agallas para defraudar -robar-, por lo tanto soy un ciudadano más o menos cabal pero no Peniche. O sea que mientras una mayoría de ciudadanos más o menos ‘buenonda’ estamos amparados por la buena voluntad, una minoría se las ingenia para traer consigo desde cuernos caprinos hasta caspa del chamuco y amparos que les protegen como estampas milagrosas contra la supuesta justicia. Esa mi duda sobre el espíritu del ‘jurismachín’ Otero: ¿en qué momento la Ley de Amparo -que supongo era contra abusos del poder-, se convirtió en el margallate que es? La aportación del tapatío Don Mariano al andamiaje legal -según entendí a mis consultados antes de naufragar en la confusión-, es algo maravilloso… ¡en teoría! Ya sabes, también en teoría México es el paraíso.

En febrero del 817 nació aquí el que sería brillante abogado Otero, a quien se calificó como ‘liberal moderado’. Para los apenas 32 años que vivió me parece que mucho fue lo que hizo; plausible su actitud como diputado, la de oponerse a los tratados de poda territorial allá por el ’47, aunque no había mucho que hacer. Todo bien, incluso cuando la ciudad decidió cambiarle el rimbombante nombre a la que se llamó Av. de la Victoria (¿cuál victoria?) y plantarle el de quien fuera también brillante orador. Todo, insisto, bien. Sólo que mirando su estatua se me ocurrió pensar que el jurisconsulto -al verse tal cual en bronce-, ya se habría amparado contra el perverso homenaje. Es que mírala: les salió fellito el prócer. Incluso creo que es un ‘malejemplo’ para la niñez que no querrá destacar en nada si hacerlo conduce a quedar así ‘broncificadamente’ feos. Total como decía mi tía Pelancha: “¡Jesús nos ampare!”,

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mar 16 2012

Numismata omnia…

Por Alvargonzález; 3 de marzo del 2003

En mi etapa de coleccionista, años fronteros de infancia-adolescencia, me dio por la numismática. Sí, claro que sabes que tan rimbombante nombre expresa la potencial manía de coleccionar monedas. Aquella mi tendencia confesa despertó falsas expectativas en el medio ambiente familiar, pues mis padres creyeron que a la larga sería yo un fortunato capitalista. O sea que aquel ánimo coleccionista me llevaría a convertirme en un gran financista acumulador de eso: de monedas, base de toda fortuna. El tiempo condujo al desencanto intrafamiliar pues me dio más por las letras fijas que por las de cambio.

La que llamo devoción literaria y andando mi laberíntica biografía, me condujo a embarcarme en una aventura temeraria: compra-venta de libros usados. Esa manía librera y prevalente me ha enfrentado con un hecho notable: el libro, como las monedas, es un circulante que trasciende fronteras y siglos. Así te puedo contar que hace años hasta la cochera que habilitamos como librería llegaron unos tomos impresos en Italia en el siglo 17 y con un nombre que te sonará extraño: ‘Numismata Omnia…’ y que traducido significa ‘Todas las Monedas’. ¿Cómo viajaron esos volúmenes -con sus preciosos grabados mostrativos de ‘quesque’ todas las monedas ancestrales- desde su punto original y llegaron sanos y salvos a mis manos? Misterio confirmante de lo ‘antesdicho’: el libro es un circulante.

Visto en esos viejos libros o cara-cara, el universo de las monedas es cautivante y sugerente. Sugiere entre otras muchas cosas, el hecho individual y colectivo de aspirar inútilmente a permanecer para siempre. Monedas romanas con efigies de emperadores olvidados; monedas europeas de Estados que dejaron paso a nuevas configuraciones políticas. Símbolos y sellos que mezclaban lo político, lo profano y lo mágico-religioso. ¿Mezclaban? Mira el Gran Sello (así dice abajo del círculo, Great Seal): ‘Annuit Coeptis’. Como algo de latinidades sé, te traduzco: el sujeto de la frase se infiere y es ‘EL’ (Dios) quien dio su anuencia y lo aceptó (when?). ¿Qué? Lee abajo: ‘Novus ordo seclorum’ o sea ‘el nuevo orden de los siglos’. Tratar de interpretar lo de esa pirámide con 13 pisos -al pie una fecha MDCCCLXXVI- más el ojo del Supremo en la cúspide, y que el Annuit Coeptis también suma 13 letras, nos ocuparía un espacio impensable para mi aportación aquí.

Monedas, símbolos circulantes. Y ‘pos’ allí lo dice des-veladamente: Dios ya aceptó (desde MDCCCLXXVI) el nuevo orden secular. Te lo digo mundo ‘pa’ que lo entiendas Irak. Te repito, lo de las monedas y billetes no se me dio, pero leyendo algo he aprendido de Historia, y la Teología y la Numismática hacen una mezcla explosiva. ¡Qué horror!

 


mar 8 2012

Mucha plaza y poca…

Por Alvargonzález; 27 de marzo del 2003

Un par de confesiones preliminares: la terrible manía de coleccionar papeles añejos, que van desde hojas sueltas hasta mamotretos preñados de polilla y hongos seculares, amenaza desbordarme dada mi incapacidad organizacional. En segunda instancia, si te he dicho que mis pinceladas colaborantes en la hechura del Mural son fruto de mi simple observación personal, ya debo rectificar y reconocer que los amigos hablan y me preguntan “¿ya viste?”, y voy, veo, retrato y te cuento.

Entre mis resmas papeleras está, seguro que está, la vistosa publicación de época del último informe gubernamental del Lic. J.J.G.G, y sus revolucionarios logros. En él y en negro y blanco  -porque la fotografía a color aún no era recurso común iniciando los cincuentales años- aparece la fastuosa ceremonia inaugural de la entonces muy moderna (?) Plaza de la Bandera; ceremonia mixta, si por ello entendemos tú y yo la participación del Ejército y de la civilidad escolar representada por innumerables niños con los uniformes correspondientes a su plantel educativo. Estrado para ‘discursosoficiales’ (impensable una inauguración sin ellos) y toda la parafernalia propia de la ocasión, y te digo que allí está la fotografía testimonial y que si la busco la encuentro (¿por dónde empezar? ¡Auxilio!).

Ya en alguna ocasión traté de contarte lo que me pareció fue un crimen arquitectónico al ocupar la plaza el lugar de algo más históricamente meritorio, pero hoy no se trata de ello ni de la anécdota de la joven tapatía que estampó su auto allí; hecho que motivó la política decisión de derribar el histórico monumento. La cuestión hoy está más bien ligada con la enorme diferencia entre la intencionalidad de ‘cientomuchas’ obras sexenales, y la realidad. El catálogo es enorme pero por hoy lo simbolizo con ese plazón con su figura central -el águila horrísona que hay que ver para creer su fealdad- y donde supuestamente se rendiría homenaje ondeante a… ¡Obvio, dado que es la Plaza de la Bandera! Héctor Enrique de Dios me dijo ve y ve y fui y vi: ¿alcanzas a ver el banderín que mano ciudadana anónima colocó allí a falta de otro proporcional con el asta? 

En términos reales se trata de gran plazón para pequeña banderilla, y te advierto que no soy de los que creen que echar al vuelo banderas monumentales sirva para darnos congruencia nacional; y menos cuando hace años mi compinche de la tele, el Ing. Flores Tritschler (saludos), me dijo que las grandes banderas nacionales a prueba de todo viento, son fabricadas ¡en Houston! ¿Será? En todo caso, mucha plaza y poca bandera; entre intención y realidad, distancia hay. ¡Ay, ni modo!


feb 27 2012

Escorzo y Escorza

Por Alvargonzález; 23 de febrero del 2004

Hoy las imágenes tienen su decir propio. Hoy, más que poner letras frente a tus ojos, planto esas imágenes frente a ellos. Así mira y ya dirás. ¿Qué? Lo que quieras según ellas algo te digan. La primera, ya mostrada anteriormente, es cincuental por edad y fecha. En números cerrados data de hace 50 años y en ella se ven amplias Tolsa (fíjate que no he puesto acento) y Escorza. Lucen amplias y sin haber cambiado de anchura por el simple hecho de que Guadalajara no padecía aún de lo que ahora gravemente le asfixia: congestión atosigante de la amplitud no modulada para muchos coches de sus viejas calles. Ese primer escorzo es norte-sur. Luego aparece la recién “peatonalizada” fracción (así decían los anuncios de obra) al costado de la Rectoría de la U. de G., vista desde lo alto y luego pie a tierra. Compara con la primera imagen: la misma calle con añejo nombre, ya no es la misma. No que sea mejor o peor; distinta sí.

¿Escorza? La vieja casa que ahora alberga a odontólogos de la UAG y ya muy reformada, es donde vivió con su familia quien le dio nombre a la calle. En el siglo 19 la mandó construir quien fuera jefe político del primer cantón de Guadalajara, Don Manuel Escorza Caballero quien según dice Ramiro Villaseñor, estaba emparentado con la familia Tolsa (de nuevo así sin acento) cuyo nombre llevó la calle paralela y a la que neciamente insisten en llamarle aún ‘Tolsá’. Sus nombres persisten; las sus calles ya son otras…


feb 15 2012

La Ciudadela

Por Alvargonzález; 19 de febrero del 2003

Siempre me ha intrigado el quebradizo nombre de una calle con cierta relevancia urbana: Vidrio. ¿Soplado, flotado, o el de los envases desechables que por doquiera se rompen y están inundando más la ciudad? ¿No te suena raro el nombre de Vidrio para una calle?

Tengo mis fundadas sospechas que fueron Manuel, Alfonso y Joaquín, todos ellos de apellido Vidrio y vinculados con la casa (ahora escuela) que aparece en la foto, quienes se las ingeniaron para convertirse en nombre de calle en las primeras décadas del siglo anterior tan pintoresco y tan pintorescamente (¿será?) plagado de revoluciones y de revolucionarios. Los hermanos Vidrio eran romistas acendrados. ¿Romistas?

La Alianza de Partidos Socialistas de Occidente -bello y poético nombre-, convirtió en su sede el caserón colonial. Lugar bastante amplio para instalar sus oficinas y además calabozos para encerrar a disidentes; alianza partidista emanada de las muchas revoluciones que fue la Revolución y apoyada por la C.R.O.M. del inefable Luis Napoleón Morones y por el Partido Laborista Mexicano. Es decir la Alianza de Partidos Socialistas (¿cuántos habría?) tenía el apoyo de Don Plutarco, el gran ‘decididor’ nacional, y estaba al frente de ella el atildado y pulcro Alfredo Romo con su pistolón distintivo que resalta voluptuoso en su cuadril -¿lo ves?- que además de diputado revolucionario era cabeza ¡de los romistas! Estamos hablando del glorioso año electoral del 26.

Conocida como La Ciudadela, la casa era el epicentro de la lucha ‘democrática’ contra el grupo de José María Cuellar que presidía al grupo conocido como (acertaste) ¡los cuellaristas! y que pretendía exactamente lo mismo que los romistas: el poder. Fue famoso aquel auto amarillo que pardeando la tarde salía de La Ciudadela de Vidrio para hacer propaganda política al estilo romántico de la época: a balazos. Desde el auto conducido por el Prof. Meza, que luego sería diputado, se hicieron los disparos que mataron al sindicalista Domingo Cuenca, también revolucionario pero opositor a Romo. El cuellarismo, percibirás, carecía de suficiente apalancamiento en la mesa central, esa donde siempre se han servido los mejores banquetes políticos democrática y revolucionariamente hablando…

Lo de la supuesta Ciudadela -nombre copiado del edificio cuartelario colonial fundamental en la llamada ‘Decena Trágica’- viene a cuento por el clima electoral contemporáneo. Los de la Alianza de Partidos Socialistas (Romo) y los de la Confederación de Partidos Revolucionarios de Jalisco (Cuellar) en las elecciones de noviembre del 26, más que contar partidos o papeletas se pusieron a contar muertos y heridos de cada bando. Bellas tradiciones democráticas enmarcadas por esa casa-escuela en la calle que aún se llama Vidrio.

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Te recordamos que si tienes escritos interesantes para compartir con gente pensante, aquí tienes un espacio, aprovéchalo como lo hace Gustavo Granero con sus ‘366 Historias’.


feb 9 2012

Balas perdidas

Por Alvargonzález; 19 de agosto del 2002

Me cuentan, y ni me consta ni pienso verificarlo, que en un museo provincial de Cuba se exhibe la bala perdida ¡que mató al soldado desconocido! ¿Tú crees? En todo caso podemos llegar a un acuerdo provisional: fue una buena bala la que dio contra un buen soldado un buen día… ¿Buena bala?

Nunca logré ponerme de acuerdo con mi amigo Alfredo Chavarría, él sí experto en balística, acerca de si fue en 1347 en la batalla de Crecy -esa mi teoría-, cuando por vez primera el muy perezoso animal humano se valió de la pólvora para eliminar al enemigo, sin mucho esfuerzo y a prudente distancia. ¡Pereza pura pues ya no se requería siquiera del esfuerzo muscular para tirar del arco o arrojar la lanza ‘despanzurrante’! Bendición del llamado dios de los ejércitos el poder tirar una pelota impulsada por un agente químico y ¡zas! Bala, balón, pelota, sinónimos atronantes del deporte del extermino mutuo.

Te decía que como inexperto en balística tal vez te pueda resultar temeraria mi afirmación: la mejor bala es la que mata; la que no lo hace es simplemente bala perdida o desperdiciada. ¿Están hechas para otra cosa las balas? Si lo averiguas me lo dices por favor.

Cualquiera haya sido la fecha inaugural de las guerras con olor a pólvora (antes nomás olían a sangre) a partir de la utilización de fusiles y cañones quedó muy en claro algo: para organizar una buena guerra o revolución son precisos unos gramos de ideas y muchas toneladas de balas, y todo porque al enemigo le da mucha pereza morirse o dejar de respirar por golpes de ideales dirigidos al cerebro. Si no me lo crees pregúntaselo a Sharon o a Arafat: los dos tienen la razón, sólo que el dios de uno tiene más balas que el del otro. ¡Oh miseria humana!

Palestina, me han dicho, queda muy lejos. La que no está muy lejos, créeme, es la calle Contreras Medellín y ese contramuro del templo de San Felipe que te parecerá en el tono ‘negriblanco’ de nuestra columna ilustrada, una especie de obra conceptual. Yo le llamaría el contramuro de la bala perdida y del aprendizaje ¿nulo? Cuenta, si paciencia y buen ojo tienes, los hoyos que muestra la cantera además del boquerón hijo de cañonazo. Cicatrices de la guerra de Reforma y hechura de balas perdidas que no dieron en el blanco, o en el mestizo o negroide al que iban dirigidas. ‘Quesque’ ni liberales ni conservadores se ponían de acuerdo -estoy hablando del siglo 19-, pero qué bueno que tanta bala y pólvora sirvieron para algo. Neoliberlamente hablando, ¿o no?