Dic 26 2009

Ya pasó y dejó…

Por Alvargonzález 29/dic/2003

Sí, ya pasó, ya pasó ¿Cómo te fue de regalos? ¿Te dieron tantos como diste? El Niño Dios y/o Santa Claus seguro repartieron mucha felicidad en tono de marquetín -¿quiénes somos tú y yo para desafinar?- pero le dejaron mucho trabajo a Beto; a los muchos ‘betos’ sin los cuales los efectos colaterales de las festivas fechas, nos asfixiarían. 0 mejor dicho, nuestra forma de ser nos está asfixiando, pero no queremos darnos cuenta y gracias a esos magos de la cotidianeidad que ‘desaparecen’ lo indeseable cerramos los ojos a la aplastante realidad.

Tengo ya varios años de conocerlo. Se llama Alberto Calvillo y hay algo que lo hace ser para mí un individuo excepcional. En efecto, además de ser pieza esencial en la funcionalidad domestica personal, mañana tras mañana lo veo sonriente y corriendo tras e1 carretón, sonando e1 ronco cencerro. Beto es ¡mi amab1e recolector basurero! Lo confieso públicamente; sin su ayuda mi vida sería una porquería. Me repugna reconocerlo públicamente, pero es cierto; soy un gran productor de basura. ¿Tú no?

Ya habrá cifras al respecto, pero con todo lo vo1uptuosas o voluminosas que sean, nos desentendemos de ese gran tonelaje de basura, deshechos, redrojos, porquería de todo tipo y especie que dejaron tras de sí las fechas navideñas. En el falso esquema urbano o de urbanidad que nos hemos instalado en la sesera, tenemos todo el derecho a producir basura y el gobierno tiene la obligación de ‘desaparecerla’ mediante un procedimiento de comunicaciones y transporte que se llama recolección. Sí, me dirás, una gran cantidad de los desperdicios es reciclable, y yo te diré que sí, pero ¡nadie recicla! 0 es ínfimo lo que se reprocesa, porque recuerda que apenas en la segunda mitad del siglo pasado aprendimos a producir basura en cantidades nunca antes vistas y en nuestro revolucionario proceso progresante, todo era arriba y adelante sin mirar los defectos colaterales. Aprendimos la palabra ‘desechable’, pero no sabemos como desechar lo desechable. ¡Oh paradójica miseria humana! El ‘progreso’ amenaza con aplastarnos.

Beto forma parte de esa legión imprescindible de magos sin los cuales la ciudad estaría más sucia de lo que está. Magos porque participan en un acto cotidiano de ilusionismo limpio (o sucio, mejor dicho) que permite nos desentendamos de un problema cierto al ‘desaparecer’ ellos la basura de la mirada urbana poniéndola lejos del olfato sensible del contribuyente, que exige le quiten de encima el problema que abundante crea. Somos productores feroces de basura y las fiestas dejaron alegría, claro, y muchísima basura.

Que se prepare Beto, mi Mago del Carretón, porque ahí vienen los Reyes Magos, que también van a traer más basura. Salud a ellos magos urbanos; y mucha, porque su actividad es insalubre pero muy necesaria. ¡Salud Alberto Calvillo y gracias!


Dic 16 2009

Requiem por la onda corta

Sabemos de muy buena fuente que las intenciones inmediatas de Alvargonzález para su blog, era subir el «Réquiem por la Onda Corta». Nada mejor que comenzar con ello en honor al gran maestro. Saborea esta lectura y tate en contacto porque apenas comenzamos:

Radio Toshiba

¿Alguna vez la oíste? ¿Tuviste en alguna ocasión un radio multibandas? A mí me atrapó desde la primera vez que la sintonicé y espero no quitarte mucho tiempo contándote cómo fue mi caer enredado o cautivado por la tal Onda Corta.

A mi padre, médico y muy bueno, un paciente agradecido le regaló allá por el sesentaitantos un aparato prodigioso. Una obra maestra japonesa de ingeniería del entonces tiempo corriente: una caja de marca Toshiba -que debe haber pesado con todo y sus gruesas baterías algo así como cinco o seis kilos-; una pesada caja multiusos sonoros. Era tocadiscos, y tocaba los que en esa época giraban a diversas revoluciones por minuto, desde 78 a 33; pero además era radio multibanda, y entre todas ellas aún no aparecía la FM. O sea, captaba AM y SW u Onda Corta.

Aquella caja era un tesoro doméstico y yo también sólo que tenía mala fama en casa; fama de maltratador de objetos. Por ello debí recurrir clandestinamente al uso de la caja sonora y fue una tardenoche cuando seguro mis padres no estaban en casa cuando…

Haz cuenta, como diría mi Cande Nana, que era testigo entre atónito y estupefacto de un milagro. De pronto y entre ruidos pero inteligible, una voz diciendo que aquella transmisión se originaba en Holanda; Radio Netherland, la primera que oí proveniente de lejanías internacionales y que bastó para cautivarme y afiliarme en forma incurable a la tal Onda Corta.

Después ya con la venia de la autoridad doméstica, al caer la noche me dedicaba a la pesca de señales remotas: Radio Exterior de España, Radio Habana, la Voz de América, la Voz de los Andes, Radio Francia, la Deustche Welle, la BBC, Radio China en dos versiones, la Taiwanesa y la Pequinesa… Incluso según yo y con tecnología tutifruti supuestamente hice una antena para mejorar la recepción y en una bitácora anotaba másmenos y a bulto las horas y frecuencias de recepción.

No imaginaba cómo desde aquellas lejanías se originaba una señal im-perfectamente (tal cual) audible; menos el por qué. Pero -y allá tú si me crees-, desde que pescar la SW se convirtió en pasatiempo adolescente, me decía a mí mismo que algún día yo estaría hablando a la potencial oreja mundial desde una antena con esa capacidad. Ilusión aparentemente imposible, pero tan tercamente asumida que ¡una buena mañana empecé a transmitir luego de que la voz oficial de la emisora anunció: “ésta es la BBC de Londres…”! Aprovecho para de paso decirte que soy un creyente en eso que misteriosamente se llama ‘vocación’, y que también fue una intuición de adolescente lo que me convirtió en lo que ahora soy o pretendo ser: verbotraficante y valido del teclado o del hertzio.

Por lo que quieras y gustes fui -una historia que otro día te cuento- sí, fui a dar y en 1982 a Bush House, sede de los Servicios Externos de la tal potente e influyente BBC, y gran parte de la responsabilidad de ese otro ‘milagro’ la tiene ese algo misterioso que llamo, te repito, simplemente ‘vocación’; ahora quiero simplemente manifestarte mi duelo por lo que llamo ‘defunción de la Onda Corta’ a la que mucho debo en pasiva y en activa. Esa frecuencia que llenó de novedades mis orejas desde la adolescencia, y que en activa me permitiría gozar cortilargos años en Londres, y en la única etapa de mis 35 años como trepantenas en que he podido vivir de mi vicio solitario: el radio.

De cuerpo presente pude descifrar el por qué de aquellas transmisiones transoceánicas. Propaganda: tal cual. Cuando empezó la hipotética segunda Guerra Mundial, los contendientes advirtieron que el hertzio era una arma más; un elemento sustantivo del respaldo a los beligerantes. Los transmisores de gran potencia fueron convertidos en difundidores de la ‘verdad’ conveniente a cada bando para captar alianzas. Insisto en ese término: propaganda, y que bien ajusta para describir cómo las ondas se ¡propagan! y rebotando en la ionosfera y alcanzan coberturas insospechadas. ¿Transportando qué? Versiones ‘objetivas’ -y así entre comillas-, con un objetivo predeterminado: ganar adeptos para la causa.

O sea que la Guerra fue la motivante inicial de la instalación de esas antenas de cobertura mundial. Gasto enorme de energía -claro que sabes que se requiere un significativo consumo eléctrico para convertir los sonidos en ondas electromagnéticas-, y gasto también monetario para mantener activa una maquinaria humana productora de los sonidos o contenidos a emitirse. ¿Obra de caridad gratuita? Qué va.

Imagínate lo que costaría a Su Majestad la Reina mantener activos -en mi época en la BBC- a 37 departamentos produciendo lo que se transmitiría en igual número de idiomas. Cantidades monumentales de libras, pues te repito que el sueldo te permitía vivir decorosamente allí. Eso sí, los ingeniosos ingleses calculaban que no les ibas a sacar -del sucio negocio de vender saliva-, gran cosa de su sistema bancario. Pero ¿para qué o por qué ese gasto monumental?

Una vez concluida la conflagración mundial siguió la llamada ‘Guerra Fría’, o la lucha ideológica entre occidente y el llamado oriente europeo. La Onda Corta encontró una renovada razón de ser: Moscú, China, Alemania del Este, La Habana, levantando la voz contra el capitalismo; Washington con su VOA -voz de América-, Londres con su BBC políglota, y sus europeos y asiáticos aliados previniendo del peligro rojo. Las bandas de SW saturadas de voces y sonidos propagantes, en tonos tan diversos aparentemente como puedan serlo el político y el evangélico. Te digo: ingentes cantidades de energía y monetarias invertidas en ese vaporoso negocio supuestamente inocuo y fruto de la benevolencia enmarcado en un ‘te regalo ¡la verdad!’. Es como creer que los noticieros de Telapisa son gratis: por curiosidad cronometra la proporción entre comerciales y la voz-imagen del notificador…

British Broadcasting Corporation, el admirable e ingenioso sistema del gobierno británico que sirve para darle coherencia al pueblo britón y esa debía de ser la función esencial de los medios de comunicación en todos los países. Pero hacia afuera y durante más de 60 años en el caso del servicio en español, una intención marcada claramente en el contrato de quienes éramos las voces más allá de las islas y por la short wave u Onda Corta: ‘…to broadcast the british way of life‘; o sea modelaje a larga distancia o un ¡oye lo maravilloso que es el Reino Unido!

Broad-casting, una palabra sorprendente. Cuando Marconi comenzó con sus prodigiosos y hertzianos experimentos en Londres, y cuando allí mismo se comenzó a utilizar el medio de comunicación que transformaría y comenzaría a compactar el mundo, fue preciso acuñar una palabra para denominar esa domesticación de las ondas. Como a lo nuevo no se le puede denominar inventando una palabra -norma filológica-, hay que recurrir a las ya hechas y al contenido milenario de las mismas. ¿Broad-casting? Término tan sustancioso como agrario, pues no significa otra cosa que el hecho de ¡sembrar al voleo! Como la semilla de trigo, que a diferencia del maíz que graneadamente se pone en el surco, se echa en la tierra preparada, así: al voleo, y eso ‘broad’ -amplia- ‘cast’ -entre otras cosas, sembrar-; eso significa esencialmente broadcasting, lo que se interpreta como ‘transmisión’. ¿No acaso el agricultor ‘transmite’ la simiente a la tierra? En ella también la propaga. ¿Propaganda?

Te digo: me enorgullece haber participado en ese maravilloso e ingenioso sistema de propaganda británico. De haberlo vivido e incluso en algunas ocasiones, sufrido, y agradezco a mi terquedad vocacional mi afortunada permanencia en el que cariñosamente llamo el ‘pisocho’ del ala noreste de Bush House; un octavo piso, que podría ser escenario de una novela en busca de autor y que espero no escriba un laureado novelista que por allí pasó y que es autor de libros tan ilegibles como premiados (él es autor de la memorable frase: “lo importante no es trabajar para la BBC sino que la BBC trabaje para ti” y vaya que ha sabido aplicar aquí en el Valle de Atemajac como lo hizo allá magistralmente, esa su máxima tan vital como de alta rentabilidad). Pisocho congregante de individuos provenientes de todos los rumbos de la América hispanohablante, y de historias personales sorprendentes y policromas; microuniverso fantástico y alucinante situado en la ribera occidental del Támesis. Y ese microuniverso inscrito en otro más amplio: imagínate en el restauran oír hablar en 37 idiomas y todos entendernos en inglés pronunciado de las más diversas formas; en la lingua franca de ese universo políglota y propagante de la ‘verdad’ británica.

Dejé mi huella allí. El mundo, a partir de que convencí a las feministas del tal pisocho, empezó a llamar a Margaret Thatcher ‘Primera Ministra Británica’ y no la Primer Ministro Británica a la tal Iron Woman. Allí y al cierre de mi programa -El Circuito- convocando cartas, empecé a usar un estribillo que se convirtió incluso en slogan publicitario no sólo en México. Sí, al cierre decía el nombre de mi compañera ‘Ann Lim’ -británica de Singapur que hablaba español con un curioso y sensual acento-; luego un sonoro “yo soy Alvargonzález” y concluía con una pregunta: “Y tú… ¿quién eres?”, dicha así con esa sindéresis intermedia para invitar al oyente a escribir. ¿Te suena a conocido el estribillo en la publicidad actual? Para mí el hecho de que alguien lo recogiera y patentara en principio para una revistuca, es la prueba de que el hertzio siembra al voleo. Allí en el pisocho y a pesar de ataques y prohibiciones, practiqué el quehacer radial en tono ‘tú’, el mismo que había usado cuando empecé en Radio Universidad de Guadalajara y que no era lo usual. Ah los chilenos fatídicos que sentían que su voz era oída por un mundo al que no había que tutear sino que era preciso usar un tono mayestático y rimbombante… Tan respetuosos ellos y encaramados en la cima del poder del pisocho, actuando como los perros bajo las órdenes del pastor inglés moviendo al rebaño voceador panamericano.

Con todo, debo a la Foreign Office y a su brazo propagante, los Servicios Externos de la BBC, una vivencia fundamental en mi vida; la gran oportunidad de gozar y sufrir esa maravillosa ciudad tan inspiradora que es Londres. Incluso la posibilidad de verificar que cualquiera su nacionalidad o credo, el ser humano es lo mismo; la certeza confirmada en forma vivencial de que sólo hay dos razas humanas: la de los individuos honestos y de buena voluntad y los otros, prescindiendo de idiomas o nacionalidades; de color de piel o de envolturas religiosas.

Pero el hertzio cambió, no en su esencia pero sí en su forma de viajar y de emitirse y de envolver al mundo. La última década del siglo pasado marcó el inicio de una modificación radical en el manejo de la comunicación al comenzar a quedar la globa envuelta en una novedosa red. Eso comenzó a hacer inviable el mantenimiento de instituciones tan onerosas como la albergada en esa monumental Bush House, cuyo costo anual debe haber sido de más de un millón de libras esterlinas y tal vez mucho más.

Empezaron los recortes y ajustes, que a la distancia y por los amigos restantes en el pisocho comencé a presenciar. Aquellos relojes sincronizadores del UTC, o tiempo universal coordinado, dejaron de sonar con un tic-tac reminiscente del sonido de los relojes de péndulo, y nunca más fue posible oír esos mensajes en clave -¿quién o con qué objeto los transmitiría?- consistentes en grupos de dígitos pronunciados durante horas interminables.

Hace unos días y en el campo lejos de la ciudad en donde supongo hay sobresaturación de frecuencias, traté de sintonizar alguna emisora de Estado; internacional y patrocinadas por los respectivo gobiernos (por cierto cuando uno oía Radio Educación en las bandas de Onda Corta, lo menos que podía era experimentar un sonrojo en tono de suaveáspera patria; ¡pa’llorar aquello con su programación propagante de la glorias nacionales!). Logré pescar no sin dificultades dos o tres emisoras: los siempre presentes evangelistas terqueándole a sus credos; Radio Moscú, cuya función actual no comprendo, y aunque no me creas: Radio China, ofreciendo ¡un curso de chino por radio! Supervivientes heroicos de un procedimiento rebasado por la tecnología. Ella ha matado a la SW, a la Onda Corta que pobló mis sueños infantiles y los convirtió en realidad profesional.

God save the Queen y gracias a su Majestad por dejarme colaborar con las glorias del imperio (lo cual suena a nombre de pulquería), y de conocer por dentro sus servicios de propaganda.

Nb: espero algún buen día contarte ‘in extensis‘ más sobre mis aventuras como ser volátil. O de mi fortuna de haber tenido la oportunidad de participar en todo tipo de antenas y ventilando la lengua. El pisocho fue estación de paso que no de punto final en mi carrera. Táte bien.

ALVARGONZÁLEZ.




Dic 16 2009

El Marquetín

El maestro Alvargonzález hace muchos años, en un periódico español encontró una carta que fue enviada a la redacción, la recortó y cada diciembre que podía, que tenía antena y que le daba la gana, la echaba a volar. La escribió un tal Sebastián Fernández de un pueblo llamado Petrer en Alicante, España. Así que –a tono navideño– compartimos contigo esta «Oración dedicada a la novísima deidad de fin de año, Marquetín»:Altar marquetín

Las campanas del marquetín ya tañen, ya llaman a todos los fieles de la nueva religión del consumismo para que acudan sin demora en devota peregrinación a los centros comerciales, a los almacenes, a las tiendas, al mall: auténticos templos dedicados al culto del Dios Consumo.

Ha llegado el momento de cumplir con nuestra sagrada obligación, así que dirige tus pasos al templo más próximo para hacer tus ofrendas y asimismo cumplir con las previsiones de gastos que para esta campaña navideña han previsto nuestros visionarios sacerdotes del marquetín. La recompensa no tendrá que esperar, va a ser una recompensa inmediata: unas migajas de la tan ansiada felicidad podrán ser nuestras aunque se nos desvanezcan entre las manos antes de que seamos conscientes de ello; no importa, nuestro Dios del Marquetín –en su infinita generosidad y misericordia– tiene prevista una segunda oportunidad para quien no pueda o quiera aprovechar esta decembrina oportunidad y la segunda vez tal vez sea más generoso con todos nosotros: La felicidad de las rebajas de enero, las baratas.

¿Para qué esperar una dudosa recompensa o la felicidad eterna si podemos tenerla ahora y pagarla más tarde en cómodas mensualidades? Agradezcamos su bondad a nuestro Dios el Consumo y Marquetín y vamos acudiendo todos felices a rendirle culto cuantas veces sea necesario; después, satisfechos con el deber cumplido, podremos esperar a que los Sumos Sacerdotes del Consumo nos traigan la buena nueva de que ya llega, ya viene la primavera, así sea.

Aquí el Audio del Himno al Marquetín