El Chufas

Así y Allí

Por Alvargonzález; 18 de abril del 2002

Allí por la calle de Penitenciaria, llamada así porque de frente daba contra la pared norte de la entonces Penitenciaria de Escobedo, el Chufas ha pasado su vida dedicado a lo que le gusta y sabe bien hacer: el remendaje de bicicletas. Todos los días, poco antes de las seis de la mañana llega y acomoda su propia bicicleta para ponerse a trabajar: “vengo de aquí nomás de la colonia Constitución…”. Lo dice con toda naturalidad después de pedalear esos casi diez kilómetros; “me voy ya noche, cuando ya no hay tantos minibuses”, advierte, denotando su respeto por las veloces máquinas arrollantes.

Allí, a una cuadra de Federalismo, en su covacha repleta de restos de viejas bicis, ha dejado prácticamente su vida, e incluso en ese lugar enviudó.

Inseparable de su sombrero –cuya función es enigmática, puesto que trabaja cobijado por la penumbra del estanco–, resulta ser todo un maestro vocacional, pues él mismo afirma no pensarse dedicado a otra cosa, ni nunca nadie le oirá quejarse de la vida. Se le ve, así, gozoso con su quehacer.

Jesús Flores su nombre, que de Jesús pasó a Chucho y de ello a Chufas. Conocido por todo el vecindario y bien acreditado en sus remendajes y hechuras. Buen hombre él, mostración viviente de que las variantes profesionales son tantas como creatividad y empeño haya. Porque en sentido estricto, él es eso: un profesionista. ¿No es acaso la palabra “profesionista” la destinada a denominar a aquellos, más bien pocos, que con orgullo “profesan” su labor vital? Dímelo tú.

Por lo pronto, allí está El Chufas, gente de bien, que goza lo que hace y no se queja de la vida. ¿Da envidia saber de alguien así? A mí, la verdad…

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