Por Álvaro González de Mendoza
Los seres humanos comunes y corrientes requerimos de despertadores para ponernos en pie y comenzar la jornada. Curiosamente ahora por influencia ¡americana! a los despertadores se les llama ‘alarmas’. Severo Maldonado, quien además de ser cura tenía fama de altanero y presuntuoso, le llamó así a su hechura periodística: El Despertador Americano. Severo, nacido en un Tepic que aún era Jalisco y en 1775, puso su muy sacerdotal, complicado y paradójico ingenio al servicio de la insurgencia de Hidalgo. Para ello ocupó la única imprenta que había en Guadalajara, a cargo de José Fructo Romero, y realizó una publicación periódica que más que noticias difundía el pensamiento independentista; 7 veces apareció el periódico entre diciembre de 1810 y enero de 1811. El director y editor del mismo, lo aprovechó para difundir sus propias tendencias políticas muy semejantes al socialismo utópico. Al resultar mal las cosas luego de la derrota de Calderón, Maldonado cambió su postura política y aceptó a cambio de su libertad editar otro periódico llamado el Telégrafo de Guadalajara en el que publicó ideas totalmente contrarias a las expresadas en su Despertador Insurgente y adoptó el tono realista o a favor de la monarquía. Pionero del periodismo, sí, pero también de una actitud que no es ajena a la profesión y enmarcada en el “cambio porque los vientos cambian” inscrita al pie de las veletas.
Esa historia se sigue repitiendo con los periodicos de la actualidad. A docientos años de esos hechos, siguen siendo chaqueteros.
Lo mismo sucedió con «Excelsior», que no sólo una vez ha cambiado porque los vientos cambian…
Agradecemos a todos la cortesía de sus comentarios.
Nadie sabe para quién trabaja…
que poco avance en más de dos siglos, Álvar pertenece al avance actual con velocidad cibernética para mi fortuna