Normatividad

Por Alvargonzález; 2 de abril de 2003

Hace años (¿25?) un oidor de mis habladurías radiales -su apellido Mendoza lo recuerdo porque no hacerlo sería no recordar el que mi madre me dio-, me regaló un encantador libro de título conciso: “Los Italianos”; con placer lo he releído más de una vez, y que muy aparte de la hipótesis de que por la supuesta “latinidad” nos parecemos, el libro pretende desnudar o desanudar ante los ojos lectores el alma de la esa sí muy latina e Itálica nación-nacida ‘qua tallis’ apenas en el siglo 19. ¿Me equivoco tuscana amiga Gresti?

¿A dónde voy con el memorable y regalado libro? A una anécdota incluida en esas páginas. El padre moribundo convoca a sus descendientes (hombres, claro está) y les hace su última recomendación: “para ser felices en la vida lo único que tienen que hacer es conseguirse un buen empleo…” El agonizante toma aire, y después de un compás de suspenso, puntualiza a sottovoce: “recuerden bien: dije empleo, no trabajo…” y punto final. O como solía decirme prestigiado escritor que conocí hace tiempo en Londres (no me gusta presumir el nombre de mis conocencias): “lo importante no es trabajar para la empresa sino que la empresa trabaje para ti…” Te aseguro que él sigue siendo fiel a su principio y no porque sea “latino” sino porque es bien ladino…

Conseguir un buen empleo tiene una normatividad básica, que ignoro si sea reconocida por la inútil ONU o por la ‘fifante’ FIFA. Primordialmente se requiere tener contactos, enchufes o conectes. ¿Recuerdas aquella máxima revolucionaria que señalaba (¿aba?) que “la amistad se manifiesta en la nómina?”. Sin el contacto enchufante esencial no queda más que resignarse a estar lejos de pesebres de llenado automático que te sacien quincenalmente sin mucho esfuerzo o sudor.

Pero ¿la foto? En la Hidroeléctrica de Puente Grande -hechura de tiempos de Don Porfis para darle luz a la ciudad, y que aún genera electricidad con algo que ya no es muy hidro y que huele mucho a podrido-, un electrizante escultor rindió homenaje a la pareja obrera (?); mas el tiempo carcomió los dedos del sujeto, y con el trasfondo de los cables parece dar a entender la ruta (¿sindical?): el que se enchufa tiene futuro y el que no… Semiótica pura. ¿No tienes un buen empleo? Digo, para mí. Sinceramente creo que el patricio italiano y mi ex colega tenían razón y por favor considera esto como mi solicitud elaborada… ¡Dije empleo, no trabajo!

3 pensamientos sobre “Normatividad”

  1. La clave está en diferenciar el empleo del trabajo.
    El empleo delicado del vallero me ajusta para pensar que en cualquier empleo lo importante es no comprometer la libertad.
    Encantada de cerrar el trato con el vallero teniendo como retribución la libertad de pensamiento y la oportunidad de expresar aquí mis ideas a mis amigos verbotraficantes.

  2. Gustavo G. Hace 70 años sería congruente tu comentario, pocos como H. Ford se preocupaban por generar buenos salarios para producir automóviles de calidad para otros empleados, y para sus propios empleados, todos ganan. En la actualidad la mayoría de las empresas se preocupan por la felicidad de sus empleados que son los que generan riqueza, y los que no siguen esta política están en vías de extinción. Cualquier empleado puede disfrutar del cine en su casa, de comunicarse, de tener muchos aparatos. Pero la pobreza no es por su salario sino por el costo artificial altísimo de los alimentos, que hay razones para mantener un orden mundial de limitar el crecimiento de habitantes de la tierra, u otros pretextos. Ej. Compramos el pescado entre un 500 y 1000% del precio que se le paga al pescador. Investiguen el costo del kilo de maíz transgénico para cultivar, que en algunos casos es obligatorio.

  3. ‘Hoyendía’ es raro que la empresa trabaje para ti. La norma es: Ponte la camiseta, trabaja como esclavo, sacrifica todo tu tiempo para dedicarlo a la empresa; y a pesar de dar todo por ella, la empresa un buen día te dará una patada en el trasero y te dejará sin trabajo.

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