El Remington (I)

Por Alvargonzález

El Remington

Guadalajara, a diferencia de ese México capitalino que resulta ser otro país, sí sufrió y mucho, las muchas revoluciones con las que la feroz incapacidad de desacuerdos comenzara a ahogar al país a partir de su inauguración el 16 de septiembre del 810. México, el que se apellida DF y como decía el maestro Fuentes Mares, más ha usufructuado y gozado, que padecido las ‘cientomuchas’ revoluciones mexicanas. Esto sirve para situarnos al filo de los años treintas y en una Guadalajara capital de un estado devastado por una revolución tan brutalmente ilógica como las más; una ciudad empobrecida de no más de 300 mil habitantes que gobierna un estado básicamente agrícola y cuyo campo ha quedado desolado por un olvido: Si las leyes no se cimientan en las costumbres y usos del pueblo, no funcionan. ‘¡Leges non fecit mores!’ No hacen costumbres pero sí pueden prender mechas y bien revolucionarias; o sea que al final de la matanza, las cosas vuelven a estar en el mismo punto de partida, que eso es una ¡revolución! Y en eso lleva casi 200 años el país… ¡Apenas y a penas!

¿Por qué tomo como punto de partida ese tiempo cuando el siglo 20 cumplía 30 años? Porque también nuestro personaje aparejadamente era en ese momento un individuo treintañero y fue en ese punto en el que llegó al clímax su actividad ‘profesional’ o cuando sus ‘hazañas’ le hicieron ser sobresaliente en aquella chata ciudad y en el más allá geográfico como paradigma de época. Eso es: individuo hecho al tiempo, sin que ello sea justificación moral.

Todos somos hijos de nuestro tiempo, obviedad rotunda. Así el personaje de la historieta que nos ocupa no es otra cosa sino fruto de sus circunstancias e hijo de la que podríamos llamar ‘legalidad’ revolucionaria. No actúa ni dentro ni fuera de la ley puesto que tan maravillosa palabra está vacía de contenido en los tiempos en que le tocó vivir. La violencia que constituyó su infancia se tradujo en adultez violenta. Esa su constitución moral y personal, más allá de supuestas Constituciones normativas y generales. Aquí encaja perfectamente el título de aquella serie televisiva con la que el mito ‘jolivudense’ validaba la llamada Conquista del Lejano Oeste: ‘La Ley del revólver’. Esa su ley; esa su formación ‘profesional’.

Solía contar el por qué de su nombre verdadero y que resultó definitivo más allá del que le pusieron al bautizarle o los apellidos que le endosaron sus padres; eso pasa a un segundo plano y olvido cuando advertimos que todos nos llamamos de la manera como ordinariamente nos dicen, y por sobre registros civiles o eclesiásticos. Así, ‘El Remington’, fue quien fue y con ese nombre sin más añadidos. Todo empezó -decía- por un pleito escolar y cuando derrotó a su contrincante tirándole piedras que con mucha velocidad levantaba y luego arrojaba con certera puntería. Algún ocurrente compañero que presenció aquel zafarrancho entre niños de primaria tuvo la ocurrencia de decirle “¡pareces una Rémington, vale!” y en clara alusión a las carabinas de repetición con las que los patrocinadores habían dotado a algunos mexicanos para fomentar la erradicación mutua y nacional. Desde ese día los compañeros de escuela le empezaron a llamar por su verdadero nombre prevalente, y más allá -repito- de las influencias familiares o paternas. ‘Quesque’ en alguna ocasión cuando le contó a su padre lo del apodo escolar, él le reforzó el orgullo (lo de la ‘autoestima’ no se usaba revolucionariamente entonces) diciéndole: “‘Ire’ lo que son las cosas Rodo; sucede que descendemos de nobles ingleses que llevaban ese apellido, o sea que ese apelativo, así como le llaman le cuadra perfectamente”. La anécdota, encaja justa con los sentimientos de la nación y con muchos mitos que no nos han funcionado; ¿no acaso los alteños son de tez blanca y ‘ojiclaros’ por la sangre francesa que dejó allí un batallón extraviado con sus bayonetas listas para calar aborígenes? Así aquel muchacho alteño de tez blanca y espigado, nada raro que tuviera origen británico según su orgulloso padre… y lo mismo hubiera ocurrido si a sus compañeros de escuela se les hubiera dado la gana de bautizarlo como Winchester, Smith y Wesson o incluso ‘Mauser’, todos ellos apellidos o marcas de la indudable y armamentista paternidad sajona de la muy mexicanísima revolución.

Fue el tercero de cinco hermanos. Sus primeros años coinciden en el campo con la multiplicación nacional y regional de los ‘ismos’ e ‘istas’ entre 1910 y 1915; maderistas, huertistas, carrancistas, constitucionalistas, villistas, etc. En el rancho familiar las cosas marchaban con relativa tranquilidad, hasta que la rivalidad con un ranchero vecino desembocó en pleito abierto al irrumpir éste en la propiedad de la familia del Remington: “¿‘Ontá’ tu padre, muchacho?” y la respuesta de “no sé” fue retribuida con un golpe en la cabeza del crío. “¡No me pegue ‘jijodesu’…!” y a los gritos del niño se armó la trifulca. Balazos pero no hubo más víctimas que el niño descalabrado que ya tenía pistola y que la usó para corretear a los agresores.

Aquel incidente obligó a la familia a mudarse a San Pedro Tlaquepaque que fuera entonces una villa distante a un par de leguas de Guadalajara. Por razones tan poco políticas como pueda haber sido que una de sus hijas se casara con un tal Barajas que se proclamaba fervoroso carrancista, el ranchero rival de la familia del Remington se sumó al mismo bando al cual pertenecía el yerno. Cuando se enteraron de ello, y ya habitando en aquella casona de la calle México, en San Pedro, tanto el Remington como sus hermanos se declararon fervientes villistas. Eran tiempos de ‘ismos’ adoptados en no pocas ocasiones por insospechadas razones que poco tenían que ver con credos o convicciones políticas.

Continuará…

3 comentarios en «El Remington (I)»

  1. Mi gratitud y admiración por Alvar Gonzalez es porque me hace pensar, reflexionar, e investigar. La redacción del Remington es una identificación y definición de lo que es México. Me despierta la curiosidad de saber las estadísticas sobre las defunciones y daños económicos que dejo la revolución mexicana por cada estado, entender los motivos del porqué unos estados sufrierón mucho más que otros.
    Y gracias si alguién me puede orientar o decir donde puedo consultarlo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.