Las Casas

Y Luego…

Por Alvargonzález; 27 de diciembre de 1997

¿Repetición o continuidad? ¿Tirar pa’lante tratando de mejorar, o darle vueltas y vueltas a lo mismo? Según parece una de las funciones de la llamada Historia, es precisamente esa: saber lo que ocurrió para no repetirnos nauseabundamente. Y mira que coinci­dencia: acaba el año, lo cual significa que es tiempo de propósitos, mismos que tienen justamente esa intención, la de remendar errores a fin de continuar siendo ¿mejores? Continuidad o repetición o ¿continua repetición? Te digo: entre la historieta personal y el Histo­rión colectivo hay una vinculación, pues a partir del pasado podemos cam­biar (tarea heroica y retante) o seguir siendo lo mismo (tarea comunicorrien­te y chata).

Nunca he tenido la oportunidad de ir allá, pero mi amigo el archimandrita me cuenta que es una región fabulosa que vio y vivió a fondo. Durante años he oído hablar de San Cristóbal de las Casas y me he enterado que es uno de tantos puntos dentro de la rudapatria que por su belleza ha sido ‘abducido’ por extraterrestres (claro que has oído que los ovniólogos utilizan el término ‘abducción’ por parte de forasteros planetarios). Así sucede que gringos, germanos, galos y demás primermundanos extraterrestres, son los usuarios de ese enclave con nombre tan suge­rente y a contrapelo republicano: ¿San Cristóbal de Las Casas? Acuérdate que precisamente la asepsia republicana borradora de vestigios colonial-teológi­cos, de santos y cuestiones frailescas cambiaba nombres poblacionales. Den­tro de ese proceso tal vez encajaría que se llamara, p. ej., Ciudad Garrido Canabal, pues chiapaneco fue el prócer camisa-roja. O quizá Ciudad Garrido de Las Casas sonaría consonante, y todo porque me da la impresión que tanto Garrido Canabal como Fray Bartolomé –y por distintas vertientes e inten­ciones–, sirvieron a una misma causa: la repetición del cuento de nuncacabar; y a la repetición de aquel estribillo in­fantil del: “los de adelante corren mu­cho y los de atrás…”. ¿Será posible encontrar una fórmula para que no se sigan quedando cada vez más atrás?

A don Tomás Garrido, y en los fabulosos veintes, no sé con qué tanta buena voluntad y tolerancia le dio por achicharrar iglesias con todo y parroquianos en su labor desinfectante de vestigios hispanos; de una Colonia que había cesado más de cien años atrás. Tampoco ninguna duda cabe que inspirado por la buena intencionalidad, y allá hacia la mitad del siglo XVI, Fray Bartolomé dio a luz su obra conocida como la “Brevísima” (que ‘in extensis’ se llamó “Brevísima Relación de la Destrucción de Las Indias”). Pero distanciados por siglos y fórmulas, Las Casas y Garrido me da la impresión que algo tienen que ver con un embrollo multisecular y repetitivo. Insisto: ¿por qué no le cambiarían el nombre a San Cristóbal de Las Casas? Creo que por un favor que hizo a terceras causas, muy aparejadas a dogmas liberales, que hizo el fraile dominico y sin proponérselo.

Allá por 1550, se armó la de Cristo es Judas y a propósito del llamado Nuevo Mundo y sus habitantes aboriginales, a quienes era preciso ‘convertir’ a ‘La Verdad’. ¿Tenían alma? ¿Eran seres humanos? Cuestiones teologales que fueron asumidas por esos seres supremos –los teólogos–, que alcanzan a descifrar lo que piensan las divinidades con su muy humana mente. Y para que veas que eso de los debates no es nada nuevo, en Valladolid discutieron púbicamente sobre esos asuntos Fray Bartolomé de Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda; el primero poniendo a tela de juicio la llamada “servidumbre natural”, y el segundo aferrado al Tomismo-Aristotélico en torno al derecho de los recién llegados con-ideas-novedosas (y superiores, claro), y lo que pudieran ser mercadotécnicas distintas. Hija del debate fue la tal “Brevísima”, misma que se convirtió en obra bien vendida internacionalmente: para 1574 ya había sido traducida ¡al latín! y al francés; en el 1583 apareció la edición inglesa con el nombre “Las Crueldades Españolas”. Y así –mira la paradoja– sirvió de base para validar Teológicamente y –of course–, Biblia en mano, la urgencia de “salvar” al Nuevo Mundo y por manos inglesas ¡de la crueldad española!

Apaches y compinches te podrían hacer una brevísima reseña de la “salivación” del indígena hecha en inglés y no en español. E históricamente es sustentable la afirmación de que a partir de la difusión de la “Brevísima” en suelo de Inglaterra, a mediados del convulso siglo XVI, los alegatos del buen fraile dominico sirvieron para darle sustento teológico –faltaba más–, a la acreditación de la necesidad de salvar al Nuevo Mundo del sistema español. Vieron en la obra una especie de llamado divino para ‘evangelizar’ a su manera la novedosa porción planetaria. Así por ejemplo Raleigh –¿te suena el nombre?–, de pronto ya estaba escribiendo: “los españoles han destruido millones de gentes a un pobre e inocente pueblo de Dios que podría haber sido ganado a su conocimiento como otros muchos lo hicieron…”. Así la intención de Las Casas asumiría otro tono en ‘anglias terras’ y contra un rival político-religioso que era preciso derrotar: España; y ello implicaba la suplantación de sistemas de aclimatación de las “verdades” acarreadas a la otra orilla continental, así como la purificación ocasionada por la perfidia española. ¿Te acuerdas que te contaba algo de Garrido Canabal y sus sistemas purificantes de lo mismo?

Indudablemente Fray Bartolomé deseaba frenar los terribles excesos que se aparejaron a la conquista-colonia. Indudablemente las intenciones de Walter Raleigh, y que es el comienzo de otro proceso muy conquistante, procedían de la particular forma de entender la teología del mundo anglicano. Pero lo que es indudable también es que en la orilla del hipotético siglo XXI la historia se siga y se siga repitiendo; que sigan irresolutos casi los mismos asuntos que en Valladolid confrontaron a Ginés de Sepúlveda y a Las Casas: la inequidad, disparatada superlativamente en el neocolonialismo.

Fray Bartolomé hizo un gran servicio a una forma de civilización que pregona su gran fe en el pragmatismo; y que así, pragmáticamente, resolvió en sus territorios el problema del indigenismo. Algún día ándate por el Nuevo México y ve la cantidad de casinos que tienen las reservas indígenas. En estos territorios se confirieron derechos a los indígenas cuya religiosidad se mestizó; derechos que siguen siendo quebrantados obscenamente, y perseguidos aquellos que leen en las Escrituras un llamado a la justicia terrena.

Te digo: la Historia es repetición o continuidad. ¿Cuándo aprenderemos de ella? La vía Raleigh para la solución de los problemas indígenas mediante la erradicación, no fue la que aquí se siguió; prueba de ello es que quedan muchos indígenas esperando que florezca –¿podrá?– la racionalidad. Y mira; Raleigh, Peckham, y aún Garrido Canabal –con su fiebre purificadora de todo vestigio de lo español–, son resultado de una buena y bien intencionada obra: la “Brevísima”.

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