Magia

Por Alvargonzález; 7 de mayo del 2003

Tiempos de crisis son tiempos de magia, y como siempre han sido tiempos de eso -de crisis-, siempre la magia ha acompañado al ser humano. Me parece, salvo tu mejor opinión, que la magia no es sino un pretendido remedio para un incurable mal llamado ‘inseguridad’, o para ese sentimiento mezcla de extravío y miedo que irremediablemente nos acompaña, pues la certidumbre absoluta no es parte del equipamiento humano.

El asunto, no creas, es bastante complejo y retante. ¿Hasta qué punto la racionalidad pura puede aceptar una cierta dosis de magia? Estarás de acuerdo conmigo en que algo de magia se requiere pa’tirar pa’lante con solvencia; para resolver con más o menos acierto el rompecabezas personal. Pero ¿y si la vaga necesidad de magia o adivinación personal se convierte en negocio boyante de micro y macroempresas esquilmadoras? O ¿si la charlatanería rampante se aprovecha de ese sustrato integral del alma humana y hace de ello una industria extractiva? Recuerda que el Eclesiastés cifró en infinito el número de los estultos (por decirlo con suavidad) lo cual se traduce en reserva explotable sin límite para los charlatanes. Te parecerá que es otro asunto, pero mirándolo en seco tiene algo que ver: ¿te acuerdas de los que creyeron en la multiplicación mágica de sus denarios puestos en cajas (populares) de ahorros? Te digo, añejo y todo el Eclesiastés sigue teniendo algo de razón…

Ahora hay más medios para atrapar incautos. El hertzio envolvente se presta (más bien dicho se renta y a buen precio) y facilita el lanzar anzuelos y carnadas a largadistancia. Ya habrás visto a un hombrujer transnacional que ofrece traducirte los mensajes estelares; ya habrás oído a la sarta de ‘hermanos’, tarotistas y demás lectores de runas y otras estupideces convocando a sus consultorios; ya te habrás dado cuenta de la gran cantidad de elíxires, bebistrajos, amuletos y cápsulas que se ofertan y prometen mágicamente derrotar desde maleficios hasta los impactos del calendario sobre el frágil cutis humano; también en algunos periódicos advertirás oraciones milagrosomágicas. Todo ello permite adivinar -fíjate en el mágico término que usé: adivinar- sí, que se trata de una industria de alto rendimiento y basada fundamentalmente en eso: en la terca necesidad del ser humano de creer en algo y en el miedo a lo incierto. ¡Oh miseria humana!

Creer un poco en la magia, pienso, no viene mal. Pero ¿creer en ella como panacea? Allí tienes el caso que te muestro: malos magos, o peores adivinos, pusieron su consultorio con anuncio y todo pero algo les falló. A poco levantaron el campamento -cerraron el changarro- y seguro con su ‘ciencia’ adivinatoria se fueron a otros rumbos de la ciudad más rentables ¡en busca de ingenuos! (Si te interesa te doy su nuevo domicilio pues estoy para servirte).

Más de Alvargonzález en; www.gatofuentes.com/ ‘escritos de amigos’.

Venta de los ‘Cincuenta Recuentos’ con Mario o Fabián en el puesto de periódicos ubicado en Américas y Morelos. Abierto todos los días de 8 A.M. a 9 P.M.

3 pensamientos sobre “Magia”

  1. El único lugar en que la magia está antes que el trabajo es en el diccionario, curiosa-mente el esfuerzo que realizamos es directamente proporcional a los resultados. Alvar sigue sorprendiéndome con sus palabras mágicas que transforman mi pensamiento en lo más preciado para mí “el aprender”.
    Espero que Marco se vuelva a aparecer, jaja. Casi no veo películas, pero Fromm hace 60 años opinó que es tanta la necesidad de compañía del humano que es capaz de hacer magia e inventar a otro ser interno que conoce y se identifica a la perfección con el individuo mismo y si por ahí va el asunto que dice Oscar.

  2. La magia funciona porque somos animales CREYENTES con la rara opción de ser racionales. ¿Viste o leiste el “Secreto”? Eso me induce a explicarme el porque todas las religiones del mundo son funcionales y efectivas aunque no sean verdaderas.

  3. Marco Antonio Guillén Chávez

    Iba yo a decir algo acerca de la magia, pero ¡zaz!, se me desaperecieron las ideas y p’os ya ni qué decir. Mejor desaparezco yo tam..(¡plop!)

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