Del club conyugal

Por Alvargonzález, 17 de marzo de 2003

Terriblemente extranjera pero rotundamente maravillosa. ¿Qué? La palabra ‘club’ y ya había intentado manifestarte mi admiración por su elástica contundencia.

Ni te pregunto a qué club perteneces y porque respetuosamente poco me importa si es que a alguno estás afiliado; y porque prescindo del evangelio social que señala “dime a cuál perteneces y te diré a quién envidias…” ¿En alguno yo? Claro que sí, y no es en el Campestre de Arroyo Puerco, ni en el hípico Pata de Hierro. El mío (esa simbiosis se da: pues el club es tuyo y tú eres de él) es accesible a mis leyes de la gravedad económica ya que ingresar a él no exige onerosa membresía (que se embolsa la familia controladora) ni cuotas fijas. Por 25 devaluados pesos a la semana te pintan de café la conversa y te permiten estar allí para oír y decir necedades de diverso calibre. No se llama así pero lo denomino club del “Equipal Sesual”: equipal pa’l glúteo y el seso pa’la lengua…

Lo medular que quiero contarte es el extracto de la última mesa redonda ‘tenguenche’ y mínima en donde se ponen las tasas en torno a la cual mis maestros, verdaderos expertos en las más diversas disciplinas, exponen sus bien fundamentadas teorías. No sé cómo cayó en la baza (que no en la taza) la muy babaza cuestión del matrimonio. ¿Cuántos millones de litros/baba se han vertido por tan jugoso asunto? Averígüenlo científicosnorteamericanos oinvestigadores de alguna mínima casa de estudios, que esa no es mi función. Pero todo fue abrir el grifo de la macha discusión -tal cual-, para que los paquidermos allí reunidos elaboráramos al respecto teorías sorprendentes, unas ranciamente preteristas y otras atrevidamente futuristas… ¿Novedosas?

Ya me acordé, perdón: todo surgió porque el notable abogado Claudel anunció su próxima boda. ¡La segunda! Lo realmente raro es que se casará ¡con la misma! Tratándose de un jurisperito en dulce, indudablemente recasarse con la remisma da al asunto tintes de maniobria -como dice mi exsuegrio-, y hace pensar que no está impelido solamente por las nebulosas razones del amor. O sí, pero del amor propio… ¡Sálvese quien pueda! Ca’quien sabe como manejar su propio y exclusivo club conyugal.

Pero ¿y la foto?* Fuimos y reverentemente lo vimos. ¿Quiénes? Los del club “Mártires del Hertzio”. Allí, en la ruinosa capilla de la otrora gloriosa hacienda, yace el muy feudal hacendado -arriba, claro-, con sus dos esposas al lado. ¿Dónde? Luego te cuento. Ca’quien, te digo, y al hacendado una le fue poca, y con dos. ¿Doblemente feliz? Averigua y me cuentas. Poco nuevo hay bajo el sol y bajo la tierra. Tu club ¿te bientrata?

*gracias a Jorge Granero

8 pensamientos sobre “Del club conyugal”

  1. Marco Antonio Guillén Chávez

    Como siempre, es un placer reencontrarse con el Amigo y Maestro; que no por estar físicamente ausente de nosostros dejará de estar presente. Su lúdica verborrea no es por ello menos seria; me sigue ayudando a reflexionar sobre la importancia de las cosas que muchas veces no me importan tanto.

  2. me es grato leer y recordar la voz de Alvaro a quien tuve el gusto de escuchar por teléfono regresando mi llamada a su programa que no me lo perdía a las 3 de la tarde.
    respecto al club, he pertenecido a varios y he disfrutado del deporte, así como de escuchar conversaciones de las señoras en los baños de damas o en el baño sauna y como se da una cuenta de la vida pública de los demás. saco a conclusión que el escuchar a los demás es divertido. hasta la próxima y gracias por recordar al Vallero sesudo.

  3. A esta conversa le falta completarse, en cambio otras con un pedazo de presentación es suficiente. Pertenecer a un club es una necesidad emocional fuerte, natural ligada a los celos, y al miedo de la libertad en que nos identificamos y nos relacionamos con la sociedad, lo malo es que esa relación se convierta en forma perversa un encadenamiento a la sociedad, empezamos a identificarnos con la familia, luego con la religión, con la escuela, con un club de competencia deportiva, con un club de admiradores de un artista, con una sociedad secreta o exclusiva, etc.

    1. Muy buena tu observación, Oscar: Estamos totalmente de acuerdo. Es bonito y sano pertenecer a un club, lo malo es llegar a ser un grupo fanatizado por algo o por alguien. Si algo le faltó a este texto, para eso está la opción de comentarios, para complementarlos como tú lo has hecho en esta ocasión y mucho lo agradecemos.

  4. Gracias a Alvar y a los Mártires del Hertzio este club si me gusta y bienaventurados los conversadores porque de ellos será el placer de cada día, no solo de pan vive el hombre.
    La re-basada filología de Alvar es contundente en el simbiótico asunto: el club es tuyo y tú eres de él.

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