La Mojonera

Por Alvargonzález, 29 de enero de 2003

Mal le pintaba el día a Guadalajara aquel 29 de enero de 1873. Todos sabían en la ciudad que allí nomás en las proximidades de Zapopan se encontraba El Tigre y que no venía solo sino con los llamados “salvajes de Álica”; y que no venía de compras -como ahora lo hacen los procedentes de allá-, sino a arrasar con la ciudad. Manuel Lozada, el Tigre de Álica, listo para dar el zarpazo desgarrador, y todas las esperanzas urbanas cifradas en un pequeño ejército al frente del cual estaba quien después la ciudad honró con un monumento: “AL BENEMÉRITO DE JALISCO C. GENERAL RAMÓN CORONA” dice la placa. ¿La ves bajo el águila?

La cosa estaba tan de horror y temor, que el tío Fer me contaba que su ancestro Bardomiano Carrasco fue enviado con un telescopio a uno de los campanarios de Catedral para desde allí ver el desarrollo de la batalla. Si observaba que el Tigre pasaba sobre los defensores, tenía que dar la orden de que todas las campanas de los templos de la ciudad tocaran “a rebato” -el lenguaje de las campanas prevaleció en la ciudad silente, durante siglos-, a fin de que ca’quien hiciera lo posible por ponerse a salvo. Señal de huída. Mal comenzaba el 29 de enero aquel en Guadalajara.

Contra las probabilidades numéricas, se impuso la disciplina de la tropa de Ramón Corona, y Manuel Lozada con todo su pre-zapatismo tuvo que recular hacia Nayarit. ¿Pre-zapatismo? Con tantas paradojas como haberse afiliado a Maximiliano en quien encontró más apoyo que en Juárez, y el hecho de haber recibido originalmente financiamiento británico de los Barron y Forbes, ingleses metidos en el negocio de los minerales nayaritas, la lucha del Tigre estaba enmarcada en la reivindicación de los derechos indígenas y en el respeto de sus tierras. ¿Te suena a conocido su programa de lucha? Indígena de pura cepa logró convocar a una gran multitud de la Mesa del Nayar y lanzar una ofensiva arrasadora que incluso le costó la vida a mi bisabuelo en el intento por detenerlo en la Venta de Mochiltitic.

En La Mojonera, allí donde ahora está la Escuela Militar de Aviación, comenzó la derrota definitiva de Lozada y porque -como dice otras de las inscripciones del monumento- Corona “salvó a la sociedad de la invasión de los salvajes de Álica”. A partir de allí, quien durante diez años impusiera sus designios de Sinaloa a Jalisco (Nayarit aún era cantón jalisciense), y luego de resultar herido en La Mojonera, declinó rápidamente hasta ser fusilado en la Loma de los Metates en las proximidades de Tepic.

Y a partir de allí, la estrella militar-política de Ramón Corona creció, creció, hasta que Primitivo Ron lo mató.

7 comentarios en «La Mojonera»

  1. alejandro solis tinoco

    Saludos Don Alvaro (hasta donde se encuentre) Mi reconocimiento y agradecimiento por la nota y por los comentarios, se le añora, y recuerda con mucho aprecio

  2. Francisco Lopez Loza

    A ver si logramos investigar quién le puso ese nombre a la sierra de Nayarit que da el nombren al tigre de Alica .
    Alica: Cuando, quien y que significa,
    De hecho es muy nombrado en Nayarit hasta una Universidad hay pero no saben lo que pregunto.

    1. Álica era una bebida caliente (poleada) que se hacía principalmente con espelta, una especie de trigo que se da en los países fríos con terrenos pobres. Quizá Nuño de Guzmán o Cristóbal de Oñate hayan bautizado así a esta Sierra al encontrar algún parecido a este tipo de terrenos… Buena pregunta para investigar, quizá sea difícil encontrar la respuesta, como aquella de ¿quién le puso al famoso cerro “Cerro del 4” ?
      Táte bien

  3. La historia requiere de éstos apuntes tan importantes que el vallero dejó para sensibilizar acerca de la paradoja de pelear por intereses no tan personales (son órdenes), hechos que el público en general toma por hazañas.

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