Supercomienzo

Por Alvargonzález; 7 de abril de 2003

Nada más desafortunado que una idea que aterriza a destiempo, y no se requiere ser un marquetinólogo para saber eso; minutos antes o después pueden ser la diferencia entre acierto y fracaso. Y con eso de que somos una civilización a remolque, los compases en el proceso imitativo deben ser precisos aunque a destiempo. Vaya paradoja.

Sucede que durante los fabulosos veintes -siglo pasado, claro- a un angelino (de Los Ángeles ¿de dónde más?) se le ocurrió simplificar el proceso mercante; es decir, abrir un lugar a donde la clientela fuera y nadie, dentro, le preguntara qué quería sino que el comprador viera lo que necesitaba y libremente lo tomara antes de pagar por ello. Simple y revolucionaria idea que vendría a modificar sustancial y globalmente la necesaria ida al mercado en busca de víveres. El ingenioso innovador no solo modificó una costumbre milenaria sino que también incidió en la estructura idiomática universal. Imagino que el mister pensó que si aquello era superior al simple y verdulero mercado, debía ponerle un nombre acorde y nació el súper-mercado, y con él la costumbre de utilizar para todo, eso de ‘súper’, ‘mega’ o ‘híper’. ¿Te confieso algo? Yo me la paso súper platicando contigo… ¿Mentiendes?

Chuchín historiador Gómez Fregoso, contó en algún artículo por qué cuando 20 años después del de L.A. la súper idea mercantil llegó a Guadalajara su mamá fue y no le gustó pues no había con quién regatear el precio, ni forma de verificar si el kilo empacado en verdad pesaba eso. Por lo que quieras, pero el primero abrió… y quebró; Guadalajara en la inmediata postguerra, al filo del mediosiglo 20, no lo aceptó. Faltaban aún unos compases para que el avinagrado olor del Mercado Corona, al que yo acompañaba a mi abuela Lola, dejara el lugar preferente a la antisepsia inodora del súper.

Entre los tiliches familiares anda rodando un portavaso hecho de lo que entonces era un novedoso material: de aluminio. Tiene grabado el reclame publicitario: “Súper Central de Alimentos” y aunque no aparece el domicilio te muestro, con certeza, el lugar donde estuvo: planta baja de ese recién construido edificio sobre la entonces principalísima Av. Juárez, esquina con Pavo. Qué ironía, el guajolotero nombre de la calle se debe a que allí estuvo una buena tienda de abarrotes que así se llamó, “El Pavo”, y que se le quedó untado a la calle (por favor no le cambien de nombre, pues ya hasta soportó la revolucionaria obsesión de rebautizar todo).

No se necesita ser marquetionólogo, sino filósofo ¿verdad Descartes?, para saber que nada ni nadie puede detener una idea a la que le ha llegado su tiempo. Después de un intento fallido, en Guadalajara él y lo súper ya forman parte de la súper ciudad. ¿Súper? Dímelo tú…

7 pensamientos sobre “Supercomienzo”

  1. Creo que el “súper” de forma lenta pero segura terminará con las famosas tienditas de la esquina. Duele que termine el trabajo de muchos por el bien de unos pocos, pero realmente muchos de los productos “necesarios” son más baratos en el súper… Dilemas

  2. A todas luces prefiero al “Super Alvar” al rescate de nuestra rica conversa, que con economía de lenguaje logra el más abundante provecho para mi sesera contra todas las leyes del marketín.
    ¡Y cómo me deleita el verbo tráfico en este sitio todavía a muy buen tiempo!

  3. Así es, los medios de distribución impactan más a la sociedad que los medios de producción por eso la alta productividad de China se debe a los intereses de los super-comerciantes que su negocio empieza por comprar super-barato, por eso los super-capitales mundiales se fueron a China.

  4. José N. de la P. Ez.

    Hasta ahorita me entero. Gracias por mantener este portal electrónico del vallero. Acá entre nos y sin que se entere naiden yo solía oirlo con una copa con vino tinto y a esas horas de la noche y con esa voz del vallero pos le dije… no sé si te escucho, te oigo o te sueño pero de que estoy pues allí ando. Saludos.

  5. Marco Antonio Guillén Chávez

    Evito lo más posible ir a esos antros consumideros, pues ya me cansé de ser también un super-cercado por su laberíntica hipocresía mercantilista y consumista.

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